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jueves, 16 de junio de 2011

71. La familia... y uno más...

A finales del año 2002, cuando la cadena preparaba su tradicional fiesta del clavel rojo de Nochevieja, que este año tendría más público por el boca a boca de quienes encontraron pareja el año anterior, y por la colaboración de un par de agencias matrimoniales de prestigio... Fue algo épico, una de esas celebraciones que no se olvidan fácilmente, sobre todo los equipos especiales de limpieza... Algunos invitados se quedaron dormidos dentro del jacuzzi del jardín, y otro más debajo del piano. Los equipos de seguridad no tuvieron que intervenir, y los beneficios, cuantiosos...

Como el año anterior, vinieron mi madre, mi hermana y Alfonso (su eterno novio), Julián y Natalia, Ayumi y Kenji, Borja y David con sus novias, y los padres de ambas... lo que era lógico teniendo en cuenta que Borja se casó unos meses antes, y David lo haría en mayo... Nos juntamos más de veinte personas, la comida nos la trajeron desde el Hotel Imperial de Benalmádena, y pudimos comprobar que era excelente, como siempre... Comimos demasiado, bebimos lo justo, hicimos bastante el ganso, bailamos (menuda lección de sevillanas que nos dieron mis suegros), y decidimos no salir del "búnker" hasta bien avanzada la primera tarde del 2003...

No se escuchaba ni un solo ruido en las tres casas, ni fuera, se trataba posiblemente de un momento mágico, y Yolanda y yo verbalizamos el mismo deseo, la misma idea, que habría afectado a nuestros corazones incluso sin la intervención de Agustina Golden... "¿Y si tenemos otro bebé?", me preguntó ella... Por mi mente los recuerdos de aquellos años, empezando por el trauma de los pañales, los llantos, dormir a saltos, los vecinos... pero también esa sensación de crear algo, una vida, la manera que Luis tenía de apretarme el dedo meñique con todas sus fuerzas, su primera palabra, "mapa", que ahora sería considerada como muy políticamente correcta, y cuando la "inventó", llamaba tanto la atención... Estábamos tumbados sobre la cama, de lado, ella con un camisoncito corto de color granate, y yo, con unos boxer rojos y una pajatira de pega, a juego... No hubo respuesta, me acerqué a ella, y empecé a besarla, a las dos de la tarde... No, aquella vez no nos quedamos embarazados, sobre todo porque se había tomado la píldora, pero comenzamos el año de la mejor manera posible...

Yo me había tomado un par de días de vacaciones, para estar juntos, y la mañana del dos de enero, después de dejar a Luis con David (ambos muy estresados jugando a la play), aprovechamos para recorrer, con mi querida Harley, aquellos lugares que habían marcado el principio de nuestra relación: la casa de sus padres, el cine, la pensión, nuestro pequeño piso alquilado, el piso de Benalmádena... En algunos sitios, como es lógico, no pudimos entrar... en otros, nos invitaron a tomar un café... y en el piso de Benalmádena, hicimos de nuevo el amor... A las ocho de la tarde recogimos a Luis, y David estaba muy mosqueado porque Luis había ganado en casi todas las partidas de "Super Mario"... Terminamos nuestra "jornada para el recuerdo" viendo una vez más "Estallido"...

Pasaron varias semanas, nosotros seguíamos con nuestra vida más o menos frenética, dejábamos a Luis en la guardería cercana al hotel de Benalmádena, y luego bajábamos a Málaga... Me gustaba, siempre me ha gustado sentir a Yolanda, su hermoso cuerpo pegado contra mi espalda, mientras nos deslizábamos entre el tráfico de primera hora de la mañana... La dejaba en el ayuntamiento, y tras un largo beso, yo regresaba al Hotel, a mis clases de Kendo, las lecciones de japonés (para las que no veía mucha utilidad en aquél momento), el diseño y propuesta de estategias corporativas con los demás departamentos, intensas y muy numerosas reuniones con organizadores de congresos, corporaciones... El mayor problema del Imperial Málaga era la falta de espacio para las reuniones, y que solo contábamos con las carpas externas en primavera y otoño... Y entonces, surgió la gran oportunidad: se produjo un incendio en unos salones de bodas, situados a dos manzanas del Imperial Málaga, y el dueño optó por venderlo al mejor postor, dentro de una subasta cerrada. Era un local inmenso, en la parte inferior de un edificio de oficinas, con plazas de garaje, y muchas posibilidades... Y enseguida recibí de Hiroshima la orden de investigar la situación real del edificio, sobre todo de la estructura... por lo que recurrí a los servicios de mi suegro. Pasamos unas tres horas recorriendo los salones, inspeccionando las columnas, aprovechando también los daños para raspar el hormigón de varias paredes en busca de aluminosis o de fallos estructurales. El diagnóstico fue positivo. Los arquitectos de la corporación hicieron sus propios cálculos y estudios, la operación fue aprobada por la central, y la operación se cerró por un precio sensiblemente inferior al de mercado, pero en condiciones muy ventajosas para el vendedor. Le ofrecieron a mi suegro hacerse cargo de las reformas, pero no aceptó, para evitar cualquier sospecha de favoritismo  por mi posición en el grupo.

Los mismos arquitectos japoneses, con sus equipos mixtos, terminan la reforma en vísperas de Semana Santa (el 20 de marzo)... y aprovechan para sanear y pintar  las escaleras de servicio al garaje, limpiar los suelos, y de paso, congraciarse con el resto de los ocupantes del edificio... Es cierto, hubo personas que se preguntaron por qué era necesario adquirir unos locales, cuando podría haberse construido una superficie permanente en los jardines del Imperial de Málaga... pero ya con las carpas se estaba vulnerando la legislación de urbanismo vigente... Los nuevos salones, por su cercanía, permitieron que la corporación "Satori Fujita" diera un nuevo paso adelante en los negocios, ofreciendo también sus facilidades en la organización de convenciones y eventos, pues la superficie útil era superior a los cinco mil metros...

Y, mientras la presión aumentaba de manera palpable por el número de proyectos en marcha y la envergadura de los mismos... el cuerpo deYolanda también empezaba a cambiar, de manera muy sutil al principio... En abril se produjo la segunda falta... por lo que, con un poco de suerte, nuestra niña, porque en eso estábamos de acuerdo los tres, nacería bajo el símbolo de Libra...

sábado, 30 de abril de 2011

36. EL COMIENZO DE UN SUEÑO

Por que sí... Porque jamás he estado más en forma que durante aquellos nueve meses de nuestro primer embarazo... Y encima, los amigos dicen que he tenido muchísima suerte con Yolanda... Pero yo terminé con gemelos y piernas de corredor de maratones...

Dicen que un antojo es una pequeña mancha en la piel de una persona, un capricho súbito e incontenible, o como dicen los franceses, "un je ne sais quoi de magique" (un no sé qué de magia), o que es la forma que escoge el organismo femenino de reclamar sus necesidades durante el embarazo... Yo sigo pensando que es una forma de putearnos durante nueve meses, de tenernos a su merced, y de vengarse por las molestias del embarazo.... tal vez incluso, una forma de exclavitud...

Para Yolanda, lo malo fue decidirse entre tantos apetitosos antojos... Empezó por los bombones de chocolate belga, pero ese, al menos, lo compartíamos... Luego, cambió al queso de cabrales... sí, el fuerte, el de los gusanitos... Después, jamón de jabugo... Llegó la temporada del helado... pero solo el de dulce de leche con nueces de macadamia... Un poquito más tarde, las zanahorias... Todo esto, entre los meses de septiembre y octubre... Nuestra pequeña nevera, y el congelador, se convirtieron en campo de batalla, donde cada uno de los productos luchaba a capa y espada para permanecer en primera fila...

Y después, se especializó en las fresas con zumo de naranja... o con leche condensada... Pero eso eran solamente los antojos puntuales... ¡Jamás he comprendido mejor a Arnold Swarzenegger, en la peli "Júnior", cuando le dicen que "comes como una embarazada..." Además... ¿cómo podía quejarme, o discutir con ella... si con dos parpadeos y un beso, me hacía levantarme a las tres de la madrugada, para buscar el capricho de turno, y además bajaba las escaleras de dos en dos, esbozando pasos de claqué?

Pero la vida seguía su curso... Por la mañana, a las seis en punto, tocaba levantarse, sin importar que Yolanda hubiera pasado o no mala noche, y comenzar la rutina, cada vez más estresante, en el Hotel Principal, pues me habían ofrecido la posibilidad de realizar un curso de formación para perfilar mi carrera, y orientarme hacia la organización y gestión de eventos, que en parte era presencial (un cuarenta por ciento) y en parte, a distancia... Dos o tres veces por semana, comíamos en casa de Yolanda, y mientras ella dormía una pequeña siesta, Catalina y yo seguíamos perfilando detalles sobre la nueva empresa, rellenando formularios, y diseñando, con ayuda de Leyre, el plan de marketing del negocio, incluyendo el diseño de la página web, los acuerdos con las Iglesias y sobre todo, con la Catedral, gestionando los permisos para nuestras motos...

No se trataba de expulsar a nadie del negocio, ni mucho menos, pero sí de aprovechar los recursos existentes, y ofrecer un producto de calidad... La fecha tope era el 27 de noviembre, en parte por las cláusulas impuestas por las entidades financieras... y sobre todo, para aprovechar el tirón de "TodoBoda 1998", la primera vez que se celebraba el evento en el Palacio de Ferias y Congresos, durante tres días, en Málaga... Aquella fue una de las sorpresas de mi suegro: a través de sus contactos en... bueno, un poco en todas partes, nos había conseguido un lugar destacado, garantizándonos un éxito de público, pues se había cobrado "un par de favores"...

Aquellas dos semanas fueron infernales, trabajando como locos, escogiendo materiales para los paneles expositores, ultimando detalles de precios, servicios estándar y complementarios (fotos de estudio anteriores y posteriores, color o blanco y negro o los dos para los reportajes en dvd, selección de músicas, sugerencias de maquillaje...), preparando los "books" y las octavillas (para lo que utilizamos parte del legado de doña Clotilde)... También incluimos muestras de los últimos trabajos realizados, incluyendo por supuesto nuestra boda, aunque fuimos especialmente cuidadosos en no indicar cuál era nuestra técnica, nuestro secreto... que se puede ser bueno y confiado, pero solo hasta cierto punto, en un mundo tan competitivo... Y cierto pequeño truco con los focos hacía imposible que se sacasen planos detallados de nuestro trabajo... Tuve que pedir los tres días al Hotel, igual que Gonzalo. Aquél fin de semana no hicimos ninguna boda, pero de todas formas, nuestro lanzamiento no estaba saliendo mal...

Terminamos la feria con una decena de contratos para el mes de diciembre, tanto de tipo "estándar" como "personalizados" (algo más caro y exclusivo), y compromisos en firme para los tres meses siguientes... Es cierto, no podríamos dejar de trabajar en lo nuestro, al menos, de momento, salvo Gonzalo, que empezó a realizar en el estudio parte del trabajo extra, pero las perspectivas eran bastante buenas, en toco caso, lo suficiente para firmar las últimas actas, contratos, cerrar los acuerdos mas urgentes y, por supuesto, ratificar con un brindis a media noche de todo el equipo, junto al espigón del puerto, el nombre de la empresa... Allí estábamos todos, en el filo del cinco y el seis de diciembre: Catalina, Julián, Borja, David (quienes ayudarían un poco a organizarlo todo, pero también con la esperanza de ligar algo), Gonzalo y Leyre, Montse y Mayte (quienes pensaban hacerse cargo de los vídeos a partir de febrero), y por supuesto, Yolanda y yo...

¿Todavía no lo sabes? Siempre que la miraba a ella, a Yolanda, lo tenía bien claro... cada vez que esperaba, en las mañanas de sábado o de domingo, hasta que el sol en su cara o mis besos realizaban el milagro cotidiano... y yo me encontraba seguro, a salvo, dentro de sus inmensas pupilas...

No podía ser otro que "La Magia de tus Ojos"... 


lunes, 25 de abril de 2011

28. VIENTOS DEL CAMBIO

Lentamente, fuimos recuperando la normalidad, mientras Catalina estudiaba las subvenciones que nos concederían si sacábamos nuetra empresa de la clandestinidad, y Julián ponía a varios de sus captadores a buscar un local para nuestra agencia... Como siempre en estos casos, teníamos que contar con nuestro presupuesto, bastante reducido; nuestros ahorros para nuevos equipos; y nuestra experiencia; eso sin contar con un análisis de la competencia; y por supuesto, la ubicación... que no es lo mismo estar en la periferia, que a la sombra de la catedral...

Nos daba miedo aquél paso a los cuatro, y sin embargo, en el cuerpo de Yolanda, a medida que pasaban las semanas, se estaba desarrollando una nueva vida... Ella, tan regular como un reloj, hasta el punto de que podías asegurar que era el séptimo día del mes cuando empezaba a manchar... el mes de septiembre... no manchó... Seguíamos viviendo en mi pisito, en aquél tercero sin ascensor de la calle San Lorenzo, una hermosa finca rehabilitada hace varios años... Hacía un calor sofocante aquella tarde de septiembre, y cuando habíamos llegado a la segunda "misericordia" (esos banquitos de madera, para descansar), tuvo que soltar las bolsas, pues le dió un mareo... Yo me lancé en plancha, para cogerla, y se produjo un alud de latas de conserva, escaleras abajo: tomate, raviolis, judías, espárragos, alcaparras, piña, albaricoques, efectuaron su peculiar procesión... y después me tocó recogerlo todo:, la escalera parecía un campo de minas, la última lata de guisantes apareció en el patio de vecinos... pero eso lo hice después de haber llevado a Yolanda al sofá, y de abrirle una lata de "Aquarius" bien frío... y  todas las ventanas, para conjurar las escasas ráfagas de viento que aleteaban por los tejados...

"Ya está todo recogido, Yolanda... ¿Te encuentras mejor, cariño?¿Quieres otra bebida fría?", le dije, mientras permanecía, sentada, en el sofá,  mirándome con una carita un poco rara...

"Ismael... será mejor que te sientes... porque tengo que contarte algo... importante..."

"¿Pero estás bien, verdad?¿No serán malas noticias, verdad?", y yo seguía allí, de pié, con las putas bolsas en la mano...

"¿Me puedes hacer el  favor de dejar las bolsas en el suelo, y sentrarte de una vez?", y por la forma en que me lo dijo, intuí que la opción más prudente era... hacerle caso...y me dejé caer en el sillón de orejas...

"¿Te importa si fumo? que con tanto misterio...", le pregunté, mientras empezaba a llenar la cazoleta...

"Sabes que no me gusta nada que fumes en casa... pero aunque sea por nuestro hijo, te agradecería que no lo hicieras...", me respondió, sonriendo... En aquél momento, me alegré de estar sentado...

"¿Nuestro hijo?¿Nuestro hijo?¿O sea, el nuestro?...", y posiblemente habría seguido en ese plan, si Yolanda no se hubiera acercado a mí, dándome un beso en los labios... mientras se sentaba en mi regazo...

Aquella noche, mientras estábamos a oscuras en la cama, con las aspas del ventilador girando sobre nuestra cabeza, yo seguía preguntándole más datos a Yolanda... La más recurrente de ellas era: "Pero... ¿y cuàndo?¿No estabas tomando la píldora?"

"Creo que me olvidé dos días... la noche en que murió mi abuela Clotilde... ¿Recuerdas que hicimos el amor, antes de que yo me durmiera?Y la segunda  candidata fue la noche después, en el piso de Benalmádena... Necesitábamos cariño, calor, deseo, ternura, caricias... Y eso es lo que tuvimos... ¿Te arrepientes de ello?"

Yo me limité a besarla, una y otra vez, por todo el cuerpo, con aquella sed extraña que nace del alma... Hicimos el amor... Y me quedé dormido, sobre su pecho, acunado por su respiración, soñando quizás con ese pequeño ser... Con ese pequeño milagro...