domingo, 21 de octubre de 2012

99. Un trapo de cuadros rojos y blancos...

Y este fue uno de nuestros relatos favoritos del año 2012… quizás porque evocaba en nosotros sentimientos muy concretos… sobre las relaciones con las mascotas… Su tono es muy melancólico, intimista… Y al escucharlo en la radio por primera vez, no pude evitar el pensar en nuestros galgos consentidos… Y lo mismo le pasó a los demás miembros del equipo, pues muchos de nosotros tenemos mascotas… o mejor dicho, somos los acompañantes de nuestros amitos consentidos, sin importar que se trate de perros, gatos o de otros animales más exóticos: Julián Fernández Vegue, el técnico de sonido, tiene una pitón de casi dos metros y medio; y Fernando Codina Rodríguez, el productor, tiene una mega tortuga de orejas rojas dentro de un terrario… y una iguana que se pasea libremente por el piso…
“Como si fuera posible hacerlo... te escribo para no olvidarte... Lágrimas de tinta y de sal han corrido desde la última vez que nos vimos, la sal llama a la tinta, la alegría a la tristeza, y tu sonrisa a mis recuerdos...
Nos conocimos una tarde de marzo, bajo la lluvia, con mucho viento... Los dos nos refugiamos en el hueco de un portal, entre la puerta y el chaparrón... Calados hasta los huesos, intercambiamos una mirada, una sonrisa, un gesto...
Tú estabas muerta de frío, se te notaba en la mirada, en tu respiración; y por eso, te acercaste a mí, buscando el escaso calor que yo podía darte, temblabas todavía, pero menos que antes; tu hermosa cabecita, orgullosa; tu mirada, tan límpida y serena, me llevó a tomarte entre mis brazos; tu menudo cuerpo se amoldó sobre mi pecho, buscando más calor, debajo de mi jersey, bajo mi abrigo, lo más cerca de mi corazón...
Y así empezó nuestra gran historia de amor, nuestro romance imposible; dos solitarios se encuentran bajo la lluvia de marzo, en la ciudad gris; dos almas necesitadas de cariño y de amor, de comprensión y de ternura; cuando menguó la lluvia, salimos abrazados, indiferentes a las miradas, con tu preciosa cabecita rubia, y tus pequeñas patitas, tan mojadas, asomando entre dos botones de mi abrigo azul, que tanto te gusta; con una mano, te sujetaba; y con la otra, mantenía abierto el paraguas...

Hermosa gatita rubia de mis sueños, en cuanto llegamos a casa, te sequé con el primer trapo que cogí en la cocina, de cuadros rojos y blancos, que desde aquel momento se convirtió en tu talismán, tu símbolo, tu juguete; después, te puse un cuenco de leche tibia, y otro de atún en escabeche, comías con tantas ansias, que en pocos minutos te puse otra lata... ¿Quién le explica a un felino hambriento lo que puede o no comer?... Si luego descubrí que te apasionaban los mejillones picantes, los boquerones en vinagre, el queso manchego tierno, el chorizo de Pamplona, y las fresas con naranja...
Y después del alimento, la limpieza, comenzaste con tu larguísimo ritual, eliminando de tu enjuto cuerpo hasta la última mota de suciedad, barro, pelo, que te recordase a las calles, al ruido, a la soledad, a la lluvia... a la gris ciudad en la que nos encontramos, náufragos empapados... Yo me fui a cambiar, también estaba calado después del paseo, y con la ropa de andar por casa y las zapatillas a cuadros de felpa, el típico regalo de madre para el hijo que se va a la gran ciudad, me senté en el sillón del salón, frente a la tele apagada, tranquilo... Hasta que saltaste a mi regazo, clavando las uñas en mis vaqueros, reclamando mi atención, el calor de mis manos sobre tu cuerpecito, mientras me mirabas, pidiendo mimos, y ronroneabas... dulcemente...
Unos días después, descubriste tu sitio favorito: el poyete sobre el radiador del salón... Sobre él te pasabas la mayor parte del invierno, ora mirando por la ventana hacia la calle Rioja, ora dormitando... y siempre pendiente de todo, de los pájaros, los niños, el autobús...
Muchas “novias” han pasado por mi piso desde aquella tarde hace ocho años, Linda, pero solamente se quedaban a pasar la noche aquellas que recibían tu aprobación, que curiosamente eran las que más me gustaban a mí, extraña pareja la nuestra, como escogiendo aquellas hembras amorosas que podrían darme lo que no podías tú, gatita linda de mis sueños... Pero cuando conociste a Eloísa, fue un gran flechazo mutuo, entre vosotras dos, tan grande, que incluso tuve celos al principio, lo confieso, por esas confidencias femeninas, por esas miradas, por los ratos que pasabas en su regazo... O cuando, años más tarde, ella hacía los patucos para el primero de nuestros hijos, que ahora tiene cinco años, y está mirando la lluvia desde la ventana del salón... Junto a ese radiador, con su poyete guateado, sobre el que tanto te gustaba pasar el otoño, el invierno, y la primavera si traía frío...
Hace casi un mes, el 28 de noviembre, te encontré muerta en tu cuna, como dormida... Y eso le dijimos a nuestro hijo Luis, "Linda está dormida, pero nos mandará uno de sus amigos, para que nos haga compañía, sobre el radiador... y en el brazo del sillón..." ¡Qué pequeña eras, Linda, qué ligera, mi gatita buena, mi gatita lista, mi gatita rubia!
Envolví tu cuerpecito en tu trapo de cuadros rojos y blancos, que tanto te gustaba, y salí, cómo no, bajo la lluvia, en nuestro último viaje juntos, paseando sin paraguas por los jardines de la Comunidad, con la lluvia enjuagando mis lágrimas, buscando un lugar donde pudieras reposar, hasta que llegase tu Resurrección en el Cielo de los Gatos... Reconocí un seto de camelias, el mismo bajo el cual tanto te gustaba pasar la tarde, con tu arnés y tu correa, tu ratón de peluche y tu trapo de cuadros rojos y blancos... Y allí te enterré, mi gatita Linda, mi linda gatita, con la pala amarilla de mi hijo, bien profundo, lejos del olfato de los perros, entre las raíces del seto florido...
Sé que cualquier tarde, o cualquier noche, en uno de mis paseos por el barrio, encontraré otro gatito necesitado de cobijo, y lo llevaré a casa, y se lo presentaré a Eloísa, a Luis, y a la pequeña Beatriz, y les diré: "Éste es un pequeño amigo de Linda, que nos lo ha mandado para que lo cuidemos, y para que nos cuide a nosotros..." Y ellos le pondrán un nombre, espero que no sea uno de esas horribles series de dibujos animados japonesas, prefiero algo más normal, como Chiqui, Gato, Minino, Despertador, Piolín... Incluso Lindo, por qué no... o Tito... se llame como se llame, ocupará un gran lugar en nuestra casa, en nuestro corazón... pero nunca será como mi gatita Linda...”

98. Contradanza…

A veces, encuentro más sencillo expresarme con poemas que en prosa… Será porque el verso tiene una magia especial… La otra noche estaba escribiendo en mi despacho de la planta baja… y pensando en  Yolanda, que estaba jugando con Luis y con Claudia en el jardín… y nació este poema… Ahora tal vez me da un poco de vergüenza incluirlo en este libro… pero no deja de ser una manera de expresar mis sentimientos… hacia ella… y de eso se trata finalmente, de ser fiel a mí mismo… Por eso lo incluyo, como testimonio de un amor que sigue más vivo incluso que el primer día… Su nombre es “Contradanza”…
“Al recordar tu cuerpo, siempre sueño
con chocolate negro, tibio y fundido...
con mermelada de melocotón, líquida...
con un chorrito de Malibú con piña colada...
con una copita de Moët Chandon, helado...

Pues me encanta recorrerlo, muy despacio,
con la lengua, con los dedos, trazando
arabescos sobre la piel de tu espalda,
o escalar muy despacio el valle
entre tus pechos de ninfa descarada...

Quisiera poder seguir bajando por tu ombligo,
para llegar a tus ingles, bien depiladas,
y hacerte gozar con lengua, dientes, labios...
y recorrerte entera, y luego perderme
entre tus gemidos, y saborear, despacio,
el fruto de mis desvelos, labio a labio...

Quisiera hacerte enloquecer de deseo,
acariciarte, saborearte, piel contra piel,
y al final, penetrarte suavemente, poco a poco,
dosificando nuestro placer, lentamente,
para fundirnos en la mágica danza...
y alcanzar juntos el éxtasis, la plenitud,
de un orgasmo simultaneo y compartido,
y sentir contigo el cielo entre las manos,
antes de volver a amarnos, de nuevo...

Quisiera que fueras mi amazona, viciosa,
mi ama dominante y dominada, implacable,
que con tus caricias y con tus labios,
me llevaras hasta el límite de la locura,
que te apoderaras de mi cuerpo y de mi alma,
que de todas formas son tuyos, princesa...
desde la primera vez que nos besamos,
o quizás mucho antes, cuando emprendimos,
juntos, un camino que borra la distancia...

Quisiera entre tus brazos, con tus caderas,
que me hicieras el amor lentamente,
para acelerar el ritmo como experta amazona,
que me llevaras otra vez al límite del orgasmo,
y luego volvieras a ralentizarlo, dominándome,
dejándome descansar, mientras yo te miro,
y deslizo los ojos y las manos por tu cuerpo,
como dos mitades de un mismo ser,
que al hacer el amor una vez más,
misteriosamente, se han completado...
hasta fundirnos de nuevo en un aterrador,
eterno, ingrávido, electrizante, orgasmo...”

97. La última frontera…

Este fue uno de nuestros relatos favoritos del año 2010, quizás porque trata de uno de esos temas que nos gustan siempre: la frontera entre la amistad, el amor y el deseo… Y de lo difícil que resulta en ocasiones cambiar de uno al otro…

 

"Date la vuelta, me dices, y dame la toalla... No seas malo, y déjame conservar aquello que debe permanecer así, prueba de amistad... Deja que todo siga como hasta ahora… como siempre ha sido… para que pueda refugiarme entre tus brazos…"
Pero yo sé que no lo haré, amor... Lo siento...
Que ha pasado demasiado tiempo, y espacio, entre nosotros, y que la última frontera, la postrera  muralla, debe ser derribada... que esta amistad no llega más lejos, amor...
Porque no puedo soportar por más tiempo que un puto imbécil se aproveche de ti... que te haga daño, casi siempre, y llores... tus lágrimas sobre mi hombro, en mi pecho... tus brazos en torno a mi cuello, sofocada... y acompañarte a tu dormitorio, arroparte... llevarte una infusión a la cama, y quedarme, a tu lado, acariciándote la cabeza muy suavemente, mientras cesan las lágrimas...
Sintiendo al mismo tiempo las oleadas tristes, que lentamente se van alejando de tu ser... Lo siento, amor... pero hoy hemos alcanzado, sin pensarlo, la última frontera: no puedo más... Me muero por dentro de no poder confesarte, mi vida, todo lo que siento por ti, desde hace... Dios sabe cuánto tiempo... Quizás desde siempre...
Desde aquella mañana en el patio del colegio... Siempre juntos... siempre amigos, ¿verdad? Y así ha sido durante mucho tiempo, matando, asfixiando, cualquier asomo de sentimiento, sacrificando mis propios deseos y ansiedades, por estar siempre a tu lado, apoyarte, calmarte, ser tu paño de lágrimas, causadas por otros...
El amigo fiel, sin novia conocida, por estar siempre, siempre, enamorado de ti, de mi mejor amiga... Desde siempre…
Sí, amor, yo hace mucho tiempo que comprendí cuál era el problema: que mi vida no tenía sentido, lejos de ti... Por eso, irnos a vivir juntos a Madrid, pagar entre los dos el piso, los gastos, era bueno... Sobre todo, porque así podría protegerte, y mimarte, y estar contigo, disfrutar de la luz de tu presencia… La de veces que he estado a punto de entrar en tu habitación, cuando te escuchaba llorar, por cualquier imbécil que te había hecho daño… Cuántas noches me he quedado en el umbral de tu puerta, atisbando por una rendija, para comprobar que estabas durmiendo tranquila, con tu pelo de muñeca de porcelana y tu carita, tan dulce, bañada por la luz de la luna…
Tu madre, en el fondo, sabía que yo estaría aquí, a tu lado, siempre, ayudándote, vigilándote... amándote, como siempre, en silencio... El amigo siempre fiel, que nunca falla, casi un diosecillo protector... Pendiente de ti, amor, de tus sentimientos, de tus sueños, dispuesto a sacrificarlo todo por ti… incluso aquél sentimiento que me estaba corroyendo por dentro…
Pero ya no puedo más, amor... Casi me da igual lo que pase... Estoy tan cansado de verte llorar, de intentar protegerte...
De ser “solo” tu amigo... cuando en mí despiertas ansias de absoluto…
            Comprenderás que debo arriesgarme: total, no tengo nada que perder... Te daré la toalla a través de la cortina de la bañera, te arroparé con ella... pero no antes de verte, de pasear suavemente la mirada por tu cuerpo, que mil veces he intuido bajo las sábanas...
            Y me acercaré a ti... Y depositaré la toalla sobre tus hombros, y secaré tu naricita, y como tantas veces imaginé, te rodearé, suavemente, entre mis brazos, y saldrás, despacio de la bañera... Y me convertiré en tu segunda y cálida piel... Amor mío...
Dentro de unos segundos, me daré la vuelta, con la toalla lista, y mirándote a los ojos... Y en tus ojos, cuando veas que no hurtaré la mirada cuando te levantes, veré la respuesta... ¿Quién mejor que yo para amarte, que lo sé todo de ti desde hace tanto tiempo? ¿Alguien más que yo te conoce tanto, para anticipar el menor de tus deseos, de tus penas, y alegrías, para hacerte reír? ¿Conoces acaso hombros más acostumbrados a ser tu paño de lágrimas, que los míos; o brazos, más acostumbrados a ampararte, a estrecharte contra mi pecho? ¿Crees de verdad que alguno de tus pretendientes es capaz de amarte, siquiera, la mitad de lo que yo te amo?
Amor, aquella extraña palabra, que me quita el sueño… Aquél sentimiento disfrazado de amistad… que durante tanto tiempo no he tenido más remedio que esconder a los ojos del mundo…y que no me he atrevido a revelarte hasta hoy…Hoy cruzaremos juntos la última frontera...”

96. Nunca dije que fuera un caballero…

Este relato fue uno de los que más nos gustaron del año 2009, y por eso lo incluyo en este libro. Sobre todo, nos llamó la atención su frescura, ese aire canallesco en la forma de escribir… Y quedó francamente bien en antena, siendo bien acogido por la audiencia, quien de todas formas tenía siempre la última palabra en nuestros concursos…
“Y te alejas, silenciosa, arrastrando seductora tu pequeño y estampado vestido, que repta, obediente, al lado de tu sombra fiel... Esta ha sido la tercera sorpresa que me das, en esta calurosa tarde de sábado...
La primera fue el hecho de recibirme, mientras estabas sola en casa, con ese pequeño vestido que sabes que tanto me gusta, sobre todo por cómo se ajusta a las curvas de tu cuerpo... Un par de gotas de agua se deslizan desde la comisura de tus labios hacia tu cuello de garza... porque has saciado tu sed con una botella de agua mineral helada…
La segunda sorpresa ha sido cuando, en mitad de una conversación aparentemente intrascendente sobre los amigos de verdad y los de mentira, me has besado en los labios (te ha sido fácil, porque estábamos sentados los dos en el sofá de tu casa, como otras muchas veces), y has permitido que tu pícara lengua se introdujera suavemente en mi boca, acariciando el filo de mis dientes...
La tercera, de mayor calibre, hace menos de dos minutos, cuando te has quitado el vestido por encima de la cabeza, desvelando densas extensiones de piel morena (¡Pero qué hermosa estás, cuando el sol ha dorado tu cuerpo!)... y compruebo que, tal y como intuí con el primer abrazo de la tarde, no llevas sujetador... Solamente una culote diminuta, que sin duda alguna contribuye a realzar tus increíbles curvas...
La cuarta, por supuesto, cuando has comenzado a caminar, dejándome a mi sentado en el sillón, amparada solamente por tu espléndida semi-desnudez, y me has hecho ese pequeño gesto con el dedo, como diciéndome "Ven si te atreves..." Mientras seguías tu rumbo hacia la doble puerta de madera, tras la cual se encuentra tu dormitorio... Y tu gran cama...
Pero la quinta sorpresa, tal vez te la daré yo... ¿Hace cuánto tiempo que somos amigos, Sonia? ¿Cuántas veces hemos estado a solas en tu casa, o en la mía, dentro de aquél silencio cómodo y cobarde, de las cosas que llevan mucho tiempo dichas? ¿Cuántas veces me has dejado claro que yo soy tu mejor amigo, pero nada más, porque nunca has sentido algo parecido por mi? Y tiene que ser ahora, precisamente cuando mi vida se estaba enfocando... Cuando ha surgido, de la nada de mi miseria sentimental, una persona que realmente está dispuesta a ser mi alfa y mi omega... En el momento preciso en que acudo a ti, como amiga, para que me orientes... Justo en ese preciso momento, Sonia, en el que parece haber alguien importante en mi vida... ¿De repente me descubres como hombre, como entidad dotada de voluntad, con necesidad de amar y ser amado?
Con tal de no compartirme, de no permitir que me vaya con otra mujer que realmente te haga sombra, después de haber estado conmigo durante tantos años, dentro de la categoría de "amigos sin derecho a roce", por supuesto... Solo por salirte con la tuya, estás dispuesta, en esta calurosa tarde de sábado, a darme lo que mi cuerpo y mi alma llevaban tanto tiempo reclamándote: todo tu ser, con una rendición incondicional... Pues me ofreces tu cuerpo, sobre sábanas de lino... Y me esperas, completamente desnuda (en algún momento te has quitado la culote), al pie de tu gran cama de matrimonio, en tu dormitorio fresco y perfumado por una varita de incienso... Jamás te he visto más hermosa, Sonia... Ni más ardientemente vulnerable...
Ante mí, como siempre, se abren dos caminos... El primero, compartir lecho, sudor y sueños contigo... Recorrer todas y cada una de tus curvas con los ojos, las manos y la lengua... Y otorgarte  lo que, en el fondo, hace tantos años que realmente es tuyo: mi alma, en una suprema comunión que llevo millares de días y noches anhelando...
Por supuesto, tendría que renunciar a la otra mujer, mas supongo que se trata de un sacrificio aceptable, a cambio de conseguirte... La opción B sería renunciar a ti como mujer, levantarme del sofá como si nada hubiese pasado, y dejarte ahí, de pié, gloriosa en tu menuda desnudez, y llamarte dentro de un par de días, haciendo como si nada hubiese pasado... Posiblemente, un caballero escogería el segundo camino: mantener aquella amistad tan especial, sin dejar que se enturbie por el amor, el deseo o el sexo... Preservar aquella inmaculada imagen de mujer perfecta pero lejana...
De todas formas, nunca te dije que yo fuera un caballero... Por eso, te sigo silenciosamente a la habitación... Y desde atrás, enlazo tu cintura... Y te hago dar suavemente la vuelta... Para hundirme después profundamente en tus increíbles ojos negros... Y ser yo, esta vez, quien te robe un beso... »

95. Sobre los amigos en la red.

Sí, lo reconozco. Yo también soy usuario de las redes sociales. Y no me avergüenzo de ello… Porque creo que desempeñan una importante vía de comunicación entre personas, no solamente solitarias, sino que tienen algo que compartir con los demás…
            Al principio, entré en ellas por casualidad: Claudia Galán García, mi antiguo amor, me dijo que se había formado en “facebook” un grupito de antiguos alumnos del “Lycée Le Petit Nicolas”, mi antiguo colegio, y que estaban comenzando a preparar una reunión de los antiguos alumnos en Madrid, con motivo del vigésimo aniversario de nuestra promoción. Me incorporé al grupo con algo de miedo, es verdad, puesto que salvo ella y un puñadito de personas, hasta mis últimos años de estancia en el centro no había acumulado precisamente demasiados buenos recuerdos… Pero pudo más mi habitual curiosidad, y me agregué al grupo… Y allí estaban, esperándome, muchos de ellos, incluyendo algunos compañeros de clase con quienes me apetecía retomar el contacto, las hermanas y hermanos pequeños, y un puñadito de personas que de alguna manera habían formado parte de mi vida durante varios años… Lo reconozco, lo primero que hice fue curiosear las fotos, para ir viendo hasta qué punto habían cambiado con el paso de los años… Y en algunas ocasiones me llevé sorpresas agradables, comprobando que algunas chicas que ya por aquél entonces eran hermosas se habían vuelto en mucho más atractivas con el paso del tiempo; mientras que otras habían perdido todo su encanto… Y los chicos, bueno, salvo contadas excepciones también habían cambiado mucho: unos de ellos habían engordado mucho, otros se habían quedado medio calvos, y alguno de ellos, sencillamente, estaba  irreconocible…
            El veinte de octubre de 2009 tuvo lugar la reunión: cenamos todos nosotros, unos cuarenta, en uno de los restaurantes cercanos al colegio, y luego nos fuimos a tomar algo por Malasaña, recordando viejos tiempos por nuestro antiguo territorio… Yo me había tomado un par de días libres para poder asistir a la reunión… Y menos mal que lo hice así… Porque reconozco que me pasé un poco con las copas, y al principio de la noche monopolicé demasiado a Claudia, a quien no veía desde hace varios años… ¿Sería que con algunas personas no pasa el tiempo, y que puedes reanudar una conversación que iniciaste tiempo atrás, como si nada hubiera pasado? ¿O será que algunos lugares retienen incluso el fantasma de las viejas sensaciones, de los sentimientos que das hace tiempo por olvidados? El caso fue que al estar de nuevo con ella, volví a sentirme otra vez un adolescente algo pendenciero… Tonteamos un poco, durante toda la noche, bailamos un par de canciones lentas que pusieron en el último bar… Y nos separamos con un beso en los labios, lleno de viejos recuerdos… Desde entonces, y antes de su incorporación al “Hotel Imperial” de Marbella, de la que os hablaré más adelante, hemos mantenido el contacto…
            La reunión fue, en general, agradable… Aunque también es cierto que algunos de los recuerdos que me volvieron a la mente durante aquellas horas no fueron del todo agradables… Desde aquél día, he mantenido el contacto con algunos de ellos, a otros, simplemente, los he borrado…
            Pero al margen de esta reunión de antiguos alumnos, me he aficionado bastante a las redes sociales, sobre todo al “face”… porque durante estos años he podido conocer a personas interesantes, que me han aportado mucho y a quienes yo he podido aportar también bastante, aunque no fuera más que ser un amigo, que en la distancia se preocupa por ti… Es un lugar en el que me he podido sentir más libre, compartir mis intereses y aficiones (tengo un grupito bastante grande de aficionados a la lectura y a la escritura; otro de defensores de la naturaleza y de los animales; y otros más pequeños en los que el punto de conexión puede ser un libro, una película, un grupo musical…)
            En general, estoy contento, porque con ellos no me siento juzgado ni valorado solamente por mi trabajo o por mi forma de ser… Con algunos de ellos, los más cercanos, incluso he desarrollado fuertes lazos de amistad, sin importar que por su localización geográfica es muy difícil que podamos conocernos algún día (de momento, no tengo previsto ningún viaje a Buenos Aires, aunque me encantaría, para conocer a mi amiga Susana; y lo mismo me sucede con otros amigos de América Latina)… Pero las redes sociales no tienen fronteras, ni tampoco conocen de horarios: más de una vez me he conectado de madrugada, una de esas noches en las que no podía dormir, y casi siempre me he encontrado con alguien a quien hablar, con un amigo al otro lado del teclado… Aunque sea por cosas tan sencillas como compartir una canción, un sentimiento, vale la pena…
            Es cierto, Yolanda también se ha creado un perfil en la red, y de vez en cuando incluso hemos coincidido chateando, ella desde casa y yo desde mi oficina del Hotel o durante uno de mis viajes por España o al extranjero… Y ha sido una forma de sentirme cerca de casa, sobre todo cuando estaba más lejos… Tenemos amigos en común, no muchos, pero como compartimos muchos gustos y aficiones, tampoco es de extrañar que coincidamos en algunas de las páginas o grupos… Incluso he creado un par de grupos, reducidos, para aglutinar a mis amigos más cercanos, y compartir sentimientos y experiencias…
            Supongo que en este aspecto, como en otros muchos, las redes sociales cumplen con una función, la de abrirnos a los demás, ponernos en contacto con otras personas del mundo, y de combatir a veces la soledad, otras simplemente de compartir experiencias… Y también puede surgir el amor, tal y como les pasó a mi amigo Marc y a María (de quienes os hablaré más adelante), o una pasión prohibida como la de Valentín y Valentina… Gracias a la red, también mantengo el contacto con algunos otros directivos y empleados de la corporación “Natori Fujita”, aunque todas las comunicaciones “sensibles” las mantenemos dentro de nuestro sistema de doble encriptación… Pero no deja de ser curioso el comprobar cómo, hasta el directivo japonés más impenetrable, de vez en cuando se conecta para compartir alguna broma, o subir un video de un momento especial, o simplemente un mensaje de ánimo (me sorprendió mucho el ver que hasta el mismísimo Hatori Hanzo tenía su propio perfil en la red…)
Yo he encontrado buena gente, amigos en la red que han pasado a formar parte de mi vida, de mi presente y de mi futuro… Y estoy contento de que así haya sido…


94. “Querida hija…

Dentro del programa de radio, siempre hemos intentado fomentar la creatividad de los oyentes, con una serie de concurso de relatos, de cuentos, incluso de cartas de amor… Y la respuesta ha sido muy buena, hasta tal punto de que hemos recogido algunos de ellos, y los hemos publicado dentro de un libro colectivo… Este fue uno de los relatos que ganaron nuestro concurso de la primavera del año 2009… Nos gustó a todo el equipo, sobre todo a Beatrice Golden y a mí… Pero también fue muy bien acogido por la audiencia…
“Querida Hija: cuando leas estas líneas, lo más seguro es que yo haya muerto hace algún tiempo... por eso, en vez de dejarla con mis cosas, se la dicto al tío Marcial, que es tan despistado, para que te la dé cuando hayan pasado varios meses desde mi muerte... ¿que cual es el motivo que tengo para hacerlo? En el fondo, el más noble: intentar mitigar tu dolor... y despedirme…
Te conozco muy bien, hija mía... Siempre estás haciéndote la fuerte, la dura... Te haces responsable no solo de tu hermano pequeño, sino también de tu padre... Y te dedicas a interiorizar el dolor, y te niegas incluso a llorar, a sentir... Y llegará un momento en el que te negarás incluso a ser feliz, porque yo no estaré a tu lado…
Una de las pocas cosas "buenas", si es que tiene alguna el cáncer, es que te permite hacerte una idea del tiempo que te queda por vivir... Sé que va a ser muy poco, hija mía, cuestión de semanas, por eso quiero escribirte esta carta, aunque tenga que dictársela a tu tío Marcial, mi hermano, desde la cama del hospital (nunca he querido morir en casa, prefiero que conserves un buen recuerdo de la casa en la que hemos sido tan felices los cuatro)...
¡Son tantas las cosas que me gustaría decirte, y tan poco el tiempo que me queda, que me cuesta mucho decidir por dónde empezar! Comencemos por lo más sencillo: te quiero, Montseta, hija mía. Te quiero como posiblemente nunca te volverán a querer... porque hay pocos amores más fuertes que el que una madre puede sentir por su hija... Es una comunicación especial, el haberte llevado nueve meses dentro de mí, que además fueras nuestro primer hijo, y que papá y yo te quisiéramos tanto antes incluso de tu nacimiento...
Sí, es cierto, a tu hermano también le queremos mucho, pero no es lo mismo: él es un hombre, se parece tanto a tu padre, y le cuesta más expresar sus sentimientos... He tenido la gran suerte de verte crecer, de estar a tu lado en casi todos los momentos importantes de tu vida, desde el mismo día en que te agarraste con fuerza a mi pecho, y empezaste a chupar como si te fuera en ello la vida...
Recuerdo tus primeros pasos, aquella tarde del mes de marzo, en el jardín de la comunidad, cuando caminaste entre papá y yo, los dos tan pendientes para evitar que te cayeras y te hicieras daño... Tus primeros intentos con el triciclo, la cara de velocidad que se te ponía mientras te lanzabas por el pasillo a toda velocidad... y el colchón de goma espuma que tuvimos que poner una temporada en la esquina de la pared de la cocina, para protegerla de tus topetazos...
Y la primera vez que te vestiste de señorita, con tu vestido blanco, los zapatitos, bolsito... te sacamos a la calle, para presumir un poco de ti con los vecinos... ¡Y no tardaste ni dos minutos en sentarte en el alcorque de un árbol, y ponerte de barro hasta las cejas! ¡Y estabas tan feliz!
El primer día de clase, extrañamente, no hubo traumas (con tu hermano, sin embargo, fue todo un número, parecía que le íbamos a quitar la vida por separarle de las piernas de tu padre, a las que se abrazaba con tanta fuerza)... Pero tú te dejaste llevar como una campeona, dando quizás muestra de la fuerza que has tenido (y tendrás) toda tu vida: solo una lágrima, y luego, empezaste a sonreír de nuevo, Montseta...
Aquella tarde, volviste a casa con un roto en el vestido, un ojo morado y la nota de tu profesora: "Su hija se ha peleado en el recreo con un niño mayor... por decir que no existen los Reyes Magos..." y tú estabas bien orgullosa del roto y del morado... ¿Cómo no estarlo, si  defendías tus ideas y tus creencias? Aquella fue la primera vez que plantaste cara al mundo...
Y te fuiste haciendo mayor, Montseta, llegó y pasó tu primera bici... tu primer amor: te pasaste media tarde llorando en mi regazo, en el salón, porque Mauricio te había dicho que eras fea... ¿Fea tú, mi amor? ¿Con esos tremendos ojos negros, que volvían locos a todos los chicos? ¿Con esa larga melena, que te gustaba recoger en una coleta cuando jugabas fuera de casa? ¿Con esa hermosa boquita? ¿Y con esa personalidad, esa forma de ser tan alegre, que cautivaba incluso a quienes no te conocían más que de oídas?
Todo esto, hija mía, para recordarte que he estado a tu lado en casi todos los momentos importantes de tu vida, que siempre te he querido, y que por supuesto, siempre te querré... Hay dos momentos, únicamente, que me dolerá mucho perderme... El día de tu boda, cuando camines hacia el altar, “blanca y radiante…”, como dice la canción... con la marcha nupcial resonando en la parroquia... Y con tu padre, vestido con su mejor traje, llevándote de la mano, intentando estar serio y concentrado... pero sin parar de mirar hacia el banco donde yo estaría de seguir con vida... Y tu hermano, tan brutote, hará lo de siempre, para remontaros el ánimo: es decir, el ganso, poniendo su mejor cara de boxeador noqueado, y levantando los pulgares...
A él, a tu futuro esposo, no puedo ponerle cara... porque todavía no le conoces (o eso me aseguras... mirando hacia otro lado, señal clara de que hay alguien que te gusta...)... Y puedo imaginarme las fotos, con los amigos, con la familia, con tu nueva familia, en aquél momento tan importante... y el banquete de bodas, con lo bonita que es Barcelona, seguro que encontrareis un lugar hermoso... Pero procura no perder mucho tiempo con las fotos antes del banquete, porque os estarán esperando vuestros invitados… Será el comienzo de una etapa muy feliz en tu vida…
El segundo momento que me dolerá mucho perderme, hija mía, será cuando tú también seas madre... Es algo que no se puede explicar a un hombre... Y no me refiero solamente a los cambios hormonales, alimenticios, los antojos (el mío fueron los espárragos de Navarra con mayonesa recién hecha... a cualquier hora)... Es todo eso, y mucho más... la sensación de estar llevando en tu interior una nueva vida, fruto del amor, creo que no hay nada más bonito... El parto... curiosamente, el tuyo fue mucho más sencillo que el de tu hermano, con él estuve casi doce horas... Y luego, cuando por primera vez le veas la carita a tu hijo (seguro que el primero será un hijo) y lo escuches llorar, y lo laven y te lo pongan sobre el pecho para que empiece a mamar...
 En ese momento, si yo estuviera contigo, se cerraría el círculo, y yo me quedaría a tu lado, mirándote, sin necesidad de decir una sola palabra, pues entre madre e hija, a veces no es necesario...
No, hija mía, no voy a poder estar cerca de ti en esos dos momentos... ni tampoco en los miles de pequeñas ocasiones en las que me echarás de menos con el paso de los años... Cuando pongan en la tele una de las películas románticas que nos gustaban a las dos, sobre todo "Ghost"... Cada vez que escuches por la radio una de nuestras canciones (por ejemplo, de “My inmortal”, de "Evanescence", ese grupo que empecé a escuchar por ti)... Cuando veas una madre con su hija, paseando de la mano por Las Ramblas...
Y al principio, te sentirás fatal... No tendrás ganas de hacer nada, ni de vivir casi... Espero que al menos hayáis dado lo antes posible casi toda mi ropa al asilo, menos esa gabardina y el jersey negro de cuello vuelto que tanto te gustaban ya de adolescente... Y muchos días, al despertarte, te acordarás de repente de que yo no estoy contigo, y te pondrás a llorar contra la almohada, para que nadie se entere, y dirás que es por la alergia...
Pero ya no puedes seguir así, amor mío...Tienes que atreverte a vivir... a seguir viviendo... a rehacer tu vida, y recuperar tu ilusión, poco a poco... No puedes seguir siempre así... Tienes que animarte, volver a sonreír, a tener ilusiones...
Si no lo haces por ti misma, hazlo por mí... sabes que no me gusta verte triste, que no puedo soportar ver que tus preciosos ojitos están empañados por el llanto, ni que tu sonrisa se esconda como un caracol tímido... Yo siempre te he querido, Montseta, desde antes incluso de tu nacimiento... Y siempre te querré... porque el amor entre madres e hijas es mucho más fuerte incluso que la propia muerte... Aunque no me veas, yo siempre estaré a tu lado, y notarás mis besos en el viento...
Te quiere, ahora y siempre... Mama”


93. El primer amor de Claudia…

     Durante estos años, he llegado a pensar que de nuestros dos hijos, Claudia es la que más se parece a Yolanda… Tienen casi los mismos gustos, una forma de ser muy parecida… Y sobre todo, un espíritu romántico bastante acentuado…
      Y se conoce que a los dos nos va mucho lo de enamorarnos de jóvenes… Porque si no, no me explico demasiado bien la relación de mi hija Claudia con Sebastián Guerrero López… su primer amor desde los primeros tiempos de la guardería… Casi hasta la actualidad…
 Se conocieron al poco tiempo de empezar el curso, en la guardería “Las Nieves”… Claudia nunca ha sido una chica tímida (en eso no ha salido a su padre), y siempre ha tenido muy claro lo que quería… y ha puesto los medios necesarios para conseguirlo… Al contrario que Luis, ella no montó ningún expolio, ningún numerito, el primer día de la guardería: ya en el patio de entrada del chalecito, después de unos inevitables pucheros por el miedo de separarse de Yolanda, se fijó en un grupo de niñas de su edad, que estaban jugando a la comba en un rincón del patio (la guardería está ubicada en un chalecito cerca de nuestra casa de Benalmádena)… Se acercó a ellas, y con todo el desparpajo de su carácter sociable, les dijo: “Creo que estáis jugando mal. Es mucho más divertido si saltamos dos de nosotras a la vez… ¿Alguien se apunta?”…
 Aquella fue su primera intervención en sociedad… Y en pocos días se convirtió en líder de la pandilla… Algunos días después, una de sus monitoras nos informaba de su comportamiento: “Su hija es una líder nata… pero es bastante cabezota: en poco tiempo ha montado un pequeño campeonato de saltar a la comba… y también le gusta jugar a las chapas con los niños de su edad… y es muy buena jugando con la pelota… Pero lleva muy mal que le nieguen algo... Me pregunto a quién habrá salido…”
Desde luego, en ese aspecto no se parece demasiado a mí… Más bien, me recuerda mucho a Yolanda… Al cabo de varias semanas, sin embargo, notamos que su comportamiento había cambiado… Estaba, no sé, más triste… Y tenía menos ilusión por ir a la guardería… Y se acicalaba menos… Ella, que siempre ha sido muy presumida, y que desde el primer momento ha tenido muy claro que no le gustaban las falditas ni los vestidos (“eso son cosas de niñas”, le decía a Yolanda cada vez que intentaba ponerle uno de los vestidos que nos había regalado Catalina, su abuela), porque siempre le han gustado los pantalones vaqueros, las cazadoras vaqueras y las camisetas, de repente dejó de preocuparse por su aspecto… y también tenía menos apetito… Una tarde del mes de enero de 2009, me decidí a hablar con ella…
“¿Qué te pasa, Claudia? ¿Ya no te gusta ir ala guardería, y jugar con tus amigas?”, le pregunté…
“No, Ismael, no es nada de eso…” (Nunca he conseguido que me llame  papá”, para ella siempre hemos sido Ismael y Yolanda).
“¿Tienes algún problema? ¿No te tratan bien las señoritas profesoras? ¿Has cambiado de amigas? Porque me han dicho que pasas mucho tiempo sola…”
 “¡Que no, Ismael! ¡Que no se trata de eso! Es… algo mucho más importante…”
  “¿Y entonces… de qué se trata?”
 “¡Que Sebastián no me hace caso!”, me dijo, antes de salir en tromba del comedor, dando un portazo…
 Aquella tarde, no hubo manera de conseguir que dijera nada más… Se puso a jugar con los juguetes de Luis en un rincón del pasillo… Y me decidí a esperar una ocasión mejor… Aunque el lunes siguiente hablé con una de sus monitoras, para recabar más datos sobre aquél misterioso Sebastián… Por eso hablé con Leticia Dilce Gutierrez, una de sus profesoras, cuando fui a buscarla el después del trabajo… “Me parece que su hija está enamorada de uno de los chicos más “grandes”… Se llama Sebastián Guerrero López, es dos años mayor que ella… Y está en la clase de los mayores… Sus padres son arquitectos, y trabajan para FCC”, me respondió, mirando por encima su ficha… “Es un buen chaval, algo tímido y reservado… a quien le encanta leer… y jugar al fútbol (por cierto que es muy buen portero)… Mire, ahora está saliendo… Es ese chico rubio, que sale de la mano de su madre…”
“¿Y es bueno en los estudios?”, le pregunté a Leticia…
“Sí, es un chavalito de lo más inteligente, muy bueno en Lengua y en matemáticas… aunque es bastante tímido… ¿A qué se debe este interrogatorio?”, me respondió ella, con una media sonrisa que la hacía rejuvenecer unos cuantos años…
 Nada, no es por nada, simple curiosidad… Ya sabe usted, cosas de críos…”, le respondí… Tras ello, me despedí de ella, y regresé al monovolumen (me temo que el “Smart” de Yolanda, incluso mi propia Harley habían pasado a la historia como medio de trasporte adecuado para recoger a las fieras)…
Pasaron varios días… Y Claudia no volvió a hablar de Sebastián… Hasta que una tarde, con mirada cómplice y asegurándose de que Yolanda no podía oírnos, me dijo en la cocina: “Creo que sé lo que tengo que hacer para gustarle, aunque sea un poquito… Estoy organizando un equipo de fútbol con mis amigas… ¿Podrías enseñarme cómo se meten goles?”
Ups… Momento difícil donde los haya… Porque yo siempre he sido muy malo para los deportes… Menos mal que Borja, además del baloncesto, también era un “as” en el fútbol… Varias tardes por semana, se convirtió en el entrenador de mi pequeña Claudia… aunque fuera jugando en el patio… y asustando a nuestros galgos consentidos…
Al cabo de varias semanas de “duros entrenamientos”, Borja me dijo que Claudia “parece tener una habilidad innata para los deportes… Aunque no entiendo su repentino interés por el fútbol… ¿Acaso me estás ocultando algo?”
“No es nada”, le respondí… “Será algo pasajero…” Porque lo que yo no podía hacer era traicionar la confianza que mi hija había depositado en mí… y ni siquiera Yolanda estaba al tanto del primer amor de mi hija…
Pasaron varios meses… Y noté que Claudia estaba más feliz cada día que pasaba… Incluso me hizo comprarle unos uniformes del “Málaga” para ella y para sus cuatro mejores amigas… Y un buen día del mes de abril, Claudia me dijo, muy feliz: “¡Ya somos novios! ¡Hemos tenido nuestra primera cita en el jardín, y nos hemos besado con lengua!”
Pero esta felicidad le duró muy poco tiempo: en junio, Claudia me dijo, entre lágrimas… “¡Se va! ¡Ya no me quiere, y se va! Mi vida está acabada… Ya nada volverá a ser como antes…” y tras estas palabras, se encerró en su habitación…
La tarde siguiente, el dieciocho de abril de 2009, hablé otro ratito con Leticia, y me contó que sus padres se mudaban a Madrid para realizar unos trabajos para FCC… y que ni siquiera era seguro que fueran a volver después a Málaga…
El mes de junio, al terminar las clases, Claudia se despidió entre lágrimas de “su” Sebastián… Todavía no tenía su nueva dirección, pero prometió mandarle una carta con sus datos, para que siguieran escribiéndose y continuaran con su relación… Dos semanas después llegó la primera carta, y desde entonces han estado escribiéndose…
Y yo no puedo evitar recordar a Laura… aquél antiguo amor… y en secreto envidio a mi hija (que por cierto siguió jugando al fútbol)… porque al menos, con las cartas y las llamadas telefónicas, no ha perdido su primer gran amor… Solo el tiempo dirá hasta qué punto permanecerá con vida en su corazón…