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domingo, 21 de octubre de 2012

106. Resurrección…

Una extraña sensación me embarga, en los primeros segundos del despertar… Noto algo extraño sobre mi pecho, a duras penas consigo respirar… Y algo rasposo me está lamiendo la cara… Algo tan áspero como…
            ¡La lengua de un perro! ¡Y su mal aliento! Abro los ojos, en medio de una ardua lucha contra dos galgos, “Atos” y “Porthos”… Y también siento otro peso en las rodillas…
¡Es mi hijo, Luis! Y Yolanda, sin duda alguna la incitadora de este despertar tan maravilloso, sobre todo cuando mi mundo estaba a punto de bascular entre dos realidades, me mira desde la puerta de la habitación… y la pequeña Claudia, con  sus ocho años pero una gran aficionada al karate desde que empezó a practicarlo con mi mujer hace dos años, se prepara para lo que a todas luces puede ser una auténtica explosión de amor emburuñado…
“¿Abrazo chillón?”, me pregunta Yolanda, tomando casi carrerilla, y con esa sonrisa pícara que siempre mantiene, cuando uno de sus planes sale bien…
“Abrazo chillón…”, le respondo, mientras intento prepararme lo mejor posible para uno de mis momentos favoritos de cualquier domingo de pereza como éste, un dieciocho de septiembre cualquiera de 2012… Y entonces, Yolanda y Claudia se lanzan sobre la cama, enorme, que sin  embargo a veces se nos queda pequeña…
Y todos, Yolanda, Luis, Claudia, “Atos” y “Porthos”, y yo mismo, nos convertimos en una mezcla imprecisa de brazos, piernas, troncos y pezuñas… haciéndonos  mil y una cosquillas… riendo hasta las lágrimas… pues en eso consiste el abrazo chillón… en compartir risas… y caricias… en nuestra enorme cama…
Nuestra vida no ha sido mala, hasta este preciso momento… Hemos pasado momentos malos, muy malos, buenos, y muy buenos… Hemos gozado del éxtasis y sufrido por las pérdidas…Pero, sobre todo, hemos conseguido vivir, de la mejor manera posible, y juntos, estos últimos veinte años…
Y ahora, con las energías renovadas por esta muestra de afecto, que terminó con un par de rasguños sin importancia… He recuperado la paz… y la fuerza, para seguir adelante… No sé lo que me deparará el futuro… ni qué nuevas pruebas nos esperarán a la vuelta de la esquina… También ignoro cómo me irá en el trabajo… o si Luis y Claudia serán o no buenos estudiantes…
Mas por encima de todo, solo sé que somos criaturas de presente… y que en este presente concreto… Soy inmensamente feliz…

Madrid, 15 de octubre de 2012.

miércoles, 8 de junio de 2011

69. EL AÑO DE LAS TORRES...

Con la implantación de la jornada reducida en los dos Hoteles, al menos en los departamentos de menores necesidades de horario, conseguimos mejorar el ambiente de trabajo. Incluso haciendo un par de guardias al mes, era mucho más llevadero... También es cierto que comenzábamos a trabajar a las siete y media de la madrugada en vez de a las nueve, pero a nadie parecía importarle: madrugar no es tan duro, si tienes casi toda la tarde libre. Y la cosa funcionaba: marketing, RRHH, financiero, servicios generales y comunicación se acostumbraron a trabajar en equipo, muchas veces también se incorporaban los compañeros de la recepción, aunque por supuesto la decisión final dependiese de los jefes de cada unidad.

Llegó el cumpleaños de Luis... y se casó Borja, con su novia de los últimos años. Aquella vez, y recordando muy viejos tiempos, Yolanda y yo colaboramos de nuevo con Leyre y Gonzalo, quienes también se habían casado en 2000, y ahora tenían un niño de pocos meses, que ahora estaban cuidando sus padres. Nos invitaron en su momento a la boda, y también a ellos les hicimos las fotos... Yo añoraba aquél mundillo, ver la realidad a través de una cámara, y no tener tanta responsabilidad... en la gestión no ya de un hotel, sino de una cadena de hoteles, puesto que Kenji Watanabe y yo compartíamos la responsabilidad de la imagen corporativa de la empresa.

Borja estaba muy nervioso, y se le notaba: no paraba de jugar con el pequeño corazón de hematite que llevaba de talismán desde que dejó de fumar. Se casaron el 16 de junio de 2001 en la misma iglesia que nosotros, la de San Agustín, y aunque he visto muchas novias en esta vida, Cristina  López Cruz era con diferencia una de las mas hermosas, pelirroja, con larga melena ondulada y una sencilla corona de flores, un vestido de corte medieval, de manga abullonada y color hueso, y unos zapatos muy sencillos y de escaso tacón. Quizás porque se trataba de la novia de uno de mis mejores amigos, o el hermano de Yolanda, me notaba muy nervioso... y sin embargo, conseguí obtener unos primeros planos fantásticos de la novia y el novio, de las respectivas familias, aunque fue muy duro para mí el asumir que en verdad este chico, al que yo apreciaba como un hermano pequeño, de repente se hubiera convertido en un hombre... casado... Él estaba siguiendo los pasos de Julián, su padre, en la inmobiliaria, pero orientándose hacia los alojamientos turísticos sostenible en diversos puntos del litoral, utilizando materiales como el superadobe, extrayendo el agua de aucíferos subterráneos y, por supuesto, con un programa integral de energía solar y de reciclaje... pero en aquél momento, solo tenía sus estudios de arquitectura, sus ganas de hacer cosas diferentes en la vida y el amor por su mujer... De viaje de bodas se fueron a Fuerteventura, a una urbanización que defendía los mismos principios que él...

El banquete y la fiesta se hicieron, por supuesto, en el Hotel de Málaga, donde cerramos una planta entera para los invitados de los novios, y luego, a ellos les metimos en la "Suite Imperial", con el acostumbrado surtido de bombones, cava, agua mineral helada, zumos, un impresionante jacuzzi con albornoces... y todos los pequeños detalles imaginables...

Mi hermana fue la persona que cogió el ramo, y la mirada de su eterno novio, Alfonso Coronel Blanco, nos hizo entender que en no mucho tiempo tendríamos que bajar para la boda familiar a Madrid...

La Feria, con las temperaturas suaves de la noche, y la gran afluencia de público, fue un enorme éxito... además de la primera vez que Luis subía en los cacharros, vestido con su traje de cordobés... aunque al principio se asustó bastante, con tanta gente, tanto ruido y baile... Parecíamos recién salidos de un tablao, Yolanda con su traje de gala, y su peinado, y bailando todo lo que podía; yo, más comedido, me defendía lo mejor posible, sobre teniendo en cuenta mis dos pies izquierdos demostrados, según afirmaba Vicky, mi profesora de bailes de salón... Creo que habría estado contenta de mí... y que habría sonreído...

Por supuesto, la noticia de aquél año fueron los atentados contra las Torres Gemelas y contra el Pentágono... La actividad se paralizó en el Hotel de Benalmádena, donde me encontraba impartiendo un seminario de (ironías de la vida) gestión de situaciones de crisis... Aquél martes once de marzo, conectamos en las pantallas de plasma las principales cadenas de televisión... Cuando se derrumbaron, se hizo el silencio... Muchos de nosotros habíamos viajado a Nueva York con anterioridad, o conocíamos personas que estaban viviendo allí en ese momento, incluso dos personas de uno de los congresos tenían familiares y amigos trabajando en las oficinas... por lo que cada cuerpo que caía podía ser el de uno de ellos... Suspendimos todas las actividades lúdicas en toda la cadena de hoteles... Y guardamos, como otros muchos, un minuto de silencio... Desde aquél momento, nadie miró el cielo de la misma manera, más que libertad y espacio, se veían amenazas, sobre todo en las grandes ciudades... Perdimos la inocencia...

En pleno año 2011, todavía son muchas las teorías de la conspiración que se difunden en la red, los testimonios de los expertos que analizron las grabaciones son contradictorios, hay versiones de todos los colores... y yo recuerdo a los muertos y desaparecidos...

El resto del año transcurrió sin novedad: Borja y Cristina se instalaron por fin en su nueva casa, aunque la amueblaron de forma mucho más moderna; también eran más jóvenes, y más alocados... Una vez más, toda la familia, incluyendo esta vez a los padres y al hermano pequeño de Cristina... También vinieron David y Catalina... Y para mayor comodidad, hicimos venir un catering especial del hotel, pues la familia iba creciendo, Kenji y Ayumi fueron los maestros de ceremonias (el viaje a Japón fue un èxito, y las dos familias celebraron juntas la boda por segunda vez), y todos nos quedamos a dormir repartidos entre las tres casas...


sábado, 14 de mayo de 2011

49. COSAS DE PADRES...

Al margen de no venir con el ansiado manual de instrucciones debajo del brazo, y de no tener el útil dispositivo para avisar cuando van a dar rienda suelta a sus instintos primarios, tener hijos no es una mala experiencia, en cuanto asumes  los cambios, irreparables, que se producen en la misma…
Una noche, en la que no podíamos dormir por el calor a pesar de los ventiladores, Yolanda y yo los pusimos por escrito… y quedó una curiosa lista:
a)    Se acabó el salir con los amigos, sobre todo de noche.
b)   Se acabó el recibir amigos en casa hasta tarde, como mucho a merendar.
c)    Quien manda es el niño, siempre y en todos los aspectos de tu vida, pero sobre todo, en tu tiempo libre y en tus horas de asueto.
d)   El sexo… regresa al pasado, pero sin parte posterior del coche, y pendientes de cualquier lloro o berrinche. Es casi una actividad clandestina…
e)    Los niños lo ven todo: ubicar la cuna en tu habitación a veces ni es lo más cómodo, ni lo más práctico.
f)     Hacer la compra para el niño, las cosas más básicas (leche, pañales, toallitas, esponjas, champús…) te costará siempre el doble de lo que adquieras para ti… y también abultará el doble…
g)    Cualquier desplazamiento para pasar la tarde fuera, sobre todo al principio, será un absoluto caos, y después de revolver toda la casa, el chupete estará en un rincón del carrito…
h)   La conducción de carrito debería considerarse un deporte de riesgo, para los padres y los peatones.
i)     Una simple salida de fin de semana, por ejemplo, para visitar a los abuelos, siempre se convertirá en el Desembarco de Normandía… a la décima potencia…
j)     Los abuelos siempre hacen las cosas mejor que tú, “la prueba, mira lo guapa que nos ha salido la niña”…
k)   Los abuelos no son canguros, y menos mis suegros…

Es decir, y por mucho que insistan las revistas, cada niño, y cada padre, es un mundo, no hay soluciones universales… Al principio, igual que en la película “Los padres de ella”, intentamos ferverizarlo, es decir, dejarle llorar y llorar sin cogerle (solo nos faltaba el ritmo de los mariachis)… Pero eso, lo puedes hacer solo de día, que todos conocemos el escaso aislamiento acústico de las viviendas de la playa… Y más de una vez, se presentó en casa el vecino… con bastante mala cara…
No sé de quién habrá heredado la costumbre, posiblemente de mi rama de la familia, pero le apasiona la música clásica muy bajita, sobre todo la de violín, y la única forma de que se duerma profundamente es dándole largos paseos por el pasillo… Y que lo haga yo… Si Yolanda quiere conseguirlo en el mismo tiempo (escasos minutos, poco más de diez), tiene que ponerse una de mis camisas del día anterior… Y el efecto combinado de nuestros dos olores consigue el milagro…
Fueron pasando los meses, entre lloros, biberones, papillas, potitos, pañales, y yo no paraba de intentar descubrir un método para que usara el orinal antes de tiempo, o al menos informase de sus intenciones con bastante tiempo para evitar el desastre… Yolanda se reía de mis esfuerzos, “¡Pero si es muy pequeño!”, me decía…
Terminaron los cuatro meses y medio del permiso, pero la vida seguía para nosotros, con sus alegrías y sus penas, y sobre todo, sus ilusiones… A veces, con mis horarios de trabajo, que algunos eventos y conferencias requieren más tiempo que otros para ser organizados, o las cosas se complican, y necesitas realizar un apaño de última hora… Por lo que mis horarios de regreso a casa eran demasiado disparatados en ocasiones. El proyecto funcionaba bien, habíamos conseguido atraer a nuestro Hotel Imperial cuatro de los mayores eventos del mes de septiembre, y en octubre, seis de los diez principales. Quizás por las temperaturas agradables de la ciudad, casi todas las semanas podríamos colgar el cartel de “completo”, incluso reservando de manera permanente varias “junior suite” para cierto personaje del mundo del cine, y otro de la política, quienes apreciaban las comodidades y, sobre todo, la intimidad que les proporcionábamos… Insisto, fue un trabajo en equipo desde el primer momento, y por eso nos salió bien la jugada.
Mis padres y mi hermana se vinieron a pasar diez días con nosotros, a finales de agosto… pero no pude estar con ellos demasiado tiempo, por culpa del trabajo. Me tomé un par de días libres para enseñarles Manilva, el pueblo de doña Clotilde, y también los campos, casas y viñas que en parte nos pertenecían, también hicimos algo e turismo por la zona, aunque a mi madre, lo que más la ilusionaba era poder estar con su nieto, con “su” Luis. Creo que era lo que necesitaba, para recuperar un poco la ilusión, tras la muerte del abuelo varios meses antes… Y pensar que no llegó a conocerlo por dos semanas…
Mi padre, tan cascarrabias como siempre, no pudo evitar sonreir cuando le cogió en brazos la primera vez… y le miraba… y luego me miraba a mí, como pensando: “Esta vez, soy yo quien da paseos por el pasillo, con mi nieto, aunque yo le cuente historias de dioses egipcios y griegos…”
En cuanto a mi hermana, se acercaba de vez en cuando, lo cogía en brazos, pero sin demasiado interés… bueno, eso fue hasta que Luis se puso a llorar en sus brazos… Supongo que todos los padres nos ponemos igual de gilipollas cuando nuestro hijo dice “guili,guili, guiliiii”, algunos incluso lo cuentan como si fueran las primeras palabras del bebé, apuntándolo en el “Cuaderno del primer año”… ¿Pero qué vas a apuntar, cuántas veces se puede cagar en media hora, o la altura del chorro de pis (te lo juro, una vez mojó el techo)? La única cosa que yo hacía, con la puntualidad de un reloj alemán, era hacerle una foto de su carita todos los meses, y también su medida y su peso, como recuerdo… Y no pudo faltar la típica foto en pelota picada, sobre la manta de borreguito, que esa no me la hicieron mis padres…
Los tres regresaron a Madrid, el treinta de agosto de 1999, con las pilas un poco más cargadas, saciados de olor a yodo y del sonido de las olas, y con la impresión de que nuestras vidas empezaban a encarrilarse. Mi padre, también muy en sus trece, montó expolio tras expolio, porque nos negamos a dejarle fumar en casa, ni siquiera en la terraza, y le mandábamos a la calle.
En cuanto a nuestra agencia de fotografía, iba francamente bien. Montse y Marisa demostraron ser unas excelentes profesionales y se incorporaron de forma total al equipo; Gonzalo y Leyre, quienes hicieron “oficial” lo “suyo” a finales de agosto, aunque se trataba de un secreto a voces… casi desde el primer momento…
Me hubiera gustado involucrarme más con el proyecto de “La Magia de tus ojos”, pero con mis nuevas obligaciones laborales y familiares, me convertí en el “fotógrafo de apoyo”. Seguíamos funcionando como antes, repartiendo beneficios por el trabajo realizado y el volumen de ingresos generados, y no nos podíamos quejar: obteníamos beneficios, eramos auto-suficientes, y poco a poco ahorrábamos para nuevos equipos, y devolvíamos los créditos y ayudas que nos habían sido concedidos. En varias ocasiones, tuvimos que renunciar a bodas, porque no disponíamos de suficientes fotógrafos y cámaras de confianza… y también descubrimos por azar que uno de nuestros colaboradores nos estaba plagiando el negocio…