sábado, 30 de abril de 2011

36. EL COMIENZO DE UN SUEÑO

Por que sí... Porque jamás he estado más en forma que durante aquellos nueve meses de nuestro primer embarazo... Y encima, los amigos dicen que he tenido muchísima suerte con Yolanda... Pero yo terminé con gemelos y piernas de corredor de maratones...

Dicen que un antojo es una pequeña mancha en la piel de una persona, un capricho súbito e incontenible, o como dicen los franceses, "un je ne sais quoi de magique" (un no sé qué de magia), o que es la forma que escoge el organismo femenino de reclamar sus necesidades durante el embarazo... Yo sigo pensando que es una forma de putearnos durante nueve meses, de tenernos a su merced, y de vengarse por las molestias del embarazo.... tal vez incluso, una forma de exclavitud...

Para Yolanda, lo malo fue decidirse entre tantos apetitosos antojos... Empezó por los bombones de chocolate belga, pero ese, al menos, lo compartíamos... Luego, cambió al queso de cabrales... sí, el fuerte, el de los gusanitos... Después, jamón de jabugo... Llegó la temporada del helado... pero solo el de dulce de leche con nueces de macadamia... Un poquito más tarde, las zanahorias... Todo esto, entre los meses de septiembre y octubre... Nuestra pequeña nevera, y el congelador, se convirtieron en campo de batalla, donde cada uno de los productos luchaba a capa y espada para permanecer en primera fila...

Y después, se especializó en las fresas con zumo de naranja... o con leche condensada... Pero eso eran solamente los antojos puntuales... ¡Jamás he comprendido mejor a Arnold Swarzenegger, en la peli "Júnior", cuando le dicen que "comes como una embarazada..." Además... ¿cómo podía quejarme, o discutir con ella... si con dos parpadeos y un beso, me hacía levantarme a las tres de la madrugada, para buscar el capricho de turno, y además bajaba las escaleras de dos en dos, esbozando pasos de claqué?

Pero la vida seguía su curso... Por la mañana, a las seis en punto, tocaba levantarse, sin importar que Yolanda hubiera pasado o no mala noche, y comenzar la rutina, cada vez más estresante, en el Hotel Principal, pues me habían ofrecido la posibilidad de realizar un curso de formación para perfilar mi carrera, y orientarme hacia la organización y gestión de eventos, que en parte era presencial (un cuarenta por ciento) y en parte, a distancia... Dos o tres veces por semana, comíamos en casa de Yolanda, y mientras ella dormía una pequeña siesta, Catalina y yo seguíamos perfilando detalles sobre la nueva empresa, rellenando formularios, y diseñando, con ayuda de Leyre, el plan de marketing del negocio, incluyendo el diseño de la página web, los acuerdos con las Iglesias y sobre todo, con la Catedral, gestionando los permisos para nuestras motos...

No se trataba de expulsar a nadie del negocio, ni mucho menos, pero sí de aprovechar los recursos existentes, y ofrecer un producto de calidad... La fecha tope era el 27 de noviembre, en parte por las cláusulas impuestas por las entidades financieras... y sobre todo, para aprovechar el tirón de "TodoBoda 1998", la primera vez que se celebraba el evento en el Palacio de Ferias y Congresos, durante tres días, en Málaga... Aquella fue una de las sorpresas de mi suegro: a través de sus contactos en... bueno, un poco en todas partes, nos había conseguido un lugar destacado, garantizándonos un éxito de público, pues se había cobrado "un par de favores"...

Aquellas dos semanas fueron infernales, trabajando como locos, escogiendo materiales para los paneles expositores, ultimando detalles de precios, servicios estándar y complementarios (fotos de estudio anteriores y posteriores, color o blanco y negro o los dos para los reportajes en dvd, selección de músicas, sugerencias de maquillaje...), preparando los "books" y las octavillas (para lo que utilizamos parte del legado de doña Clotilde)... También incluimos muestras de los últimos trabajos realizados, incluyendo por supuesto nuestra boda, aunque fuimos especialmente cuidadosos en no indicar cuál era nuestra técnica, nuestro secreto... que se puede ser bueno y confiado, pero solo hasta cierto punto, en un mundo tan competitivo... Y cierto pequeño truco con los focos hacía imposible que se sacasen planos detallados de nuestro trabajo... Tuve que pedir los tres días al Hotel, igual que Gonzalo. Aquél fin de semana no hicimos ninguna boda, pero de todas formas, nuestro lanzamiento no estaba saliendo mal...

Terminamos la feria con una decena de contratos para el mes de diciembre, tanto de tipo "estándar" como "personalizados" (algo más caro y exclusivo), y compromisos en firme para los tres meses siguientes... Es cierto, no podríamos dejar de trabajar en lo nuestro, al menos, de momento, salvo Gonzalo, que empezó a realizar en el estudio parte del trabajo extra, pero las perspectivas eran bastante buenas, en toco caso, lo suficiente para firmar las últimas actas, contratos, cerrar los acuerdos mas urgentes y, por supuesto, ratificar con un brindis a media noche de todo el equipo, junto al espigón del puerto, el nombre de la empresa... Allí estábamos todos, en el filo del cinco y el seis de diciembre: Catalina, Julián, Borja, David (quienes ayudarían un poco a organizarlo todo, pero también con la esperanza de ligar algo), Gonzalo y Leyre, Montse y Mayte (quienes pensaban hacerse cargo de los vídeos a partir de febrero), y por supuesto, Yolanda y yo...

¿Todavía no lo sabes? Siempre que la miraba a ella, a Yolanda, lo tenía bien claro... cada vez que esperaba, en las mañanas de sábado o de domingo, hasta que el sol en su cara o mis besos realizaban el milagro cotidiano... y yo me encontraba seguro, a salvo, dentro de sus inmensas pupilas...

No podía ser otro que "La Magia de tus Ojos"... 


35. NUBES Y CLAROS EN MÁLAGA...

No, no es nada fácil regresar de un auténtico viaje de bodas, durante el cual has podido disfrutar de la presencia constante de la persona amada, que no has tenido que preocuparte de nada ni de nadie, y luego, saber que en cuanto se abran las puertas del avión, la realidad os estará esperando allí, y que se ha estado afilando las garras en miles de dudas que os acechan, durante vuestra ausencia... Por eso, cuando anunciaron que comenzábamos el descenso hacia nuestras vidas, giré suavemente su cabeza hacia mí y, cerrando un poco los ojos (jamás he podido besarla con los ojos abiertos), nos besamos, como solo los amantes saben hacerlo: enregándote en cuerpo y alma... Fue un beso largo, larguísimo, tanto que parte del aplauso de los pasajeros a la pericia del piloto en aterrizar, creo que también iba destinado para nosotros... Por lo menos, el de Matilde, una de las azafatas, seguro...

Nuestro plan era coger un taxi discretamente en la terminal que nos llevase a casa, y con tiempo, durante la tarde del sábado y el domingo entero, intentar reordenarlo todo, preparar las cosas para la semana, y con un poco de suerte, estar solos y tranquilos en nuestro territorio, durante un largo y perezoso domingo... Por supuesto, ninguno de nuestros deseos o esperanzas se cumplió... Al abrirse las puertas, un turba de alborotadores, coreando lemas como "Bienvenidos, parejita", o "El ataque de la realidad", con silbatos y cualquiera sabe qué otras cosas, nos estaban esperando allí: eran nuestros amigos de Málaga, al menos, una representación bastante nutrida, dispuestos a secuestrarnos, con el pretexto de llevarnos a casa... En primera línea, y disparando fotos como posesos, Gonzalo y Leyre, pero no paraban de repetir: "¡Estas son de regalo!" Casi nos detiene la Policía, por escándalo y alteración del orden público, pero conseguimos arrastrarlos a todos hasta las "guaguas" que nos esperaban fuera... Ambos supusimos que nos llevarían a casa, y que, con algunas dificultades, y con las cajas de cerveza helada que Gonzalo habría puesto en la nevera, tal vez a medianoche nos liberaríamos de nuestros "deseados pero un tanto molestos invitados".

Una vez más (y no sería la última), nos equivocábamos, sobre todo porque nos llevaron al pleno centro de la ciudad, y aprovechando que era sábado, aparcamos sin demasiados problemas (sobre todo porque los conductores de las "guaguas" se fueron a dar vueltas... Sin más explicación, nos llevaron hasta la calle Granada, casi esquina a la calle Santa María, y vimos un local comercial, con los escaparates todavía cubiertos de papel de estraza... Antes, había sido una tienda de encurtidos, y de ultramarinos... Pero ya no lo era... Siguiendo las estrictas instrucciones de Gonzalo, nos taparon los ojos con vendas de seda negra, "bajo severa amenaza de cosquillas en caso de incumplimiento", noté cómo encendían unas luces bastante poderosas... y entramos...

Nos quitaron las vendas a los dos, y nos dijeron que ya podíamos abrir los ojos... Y allí estábamos los dos, bueno, y otras muchas personas más: nuestra teoría de que toda boda puede resumirse en cuarenta fotos estaba allí, a la vista de todo el mundo... Con un tamaño de setenta y cinco por cincuenta, sobre un "paspartout" de un metro por un metro... Ver de nuevo la cara de Yolanda, aquél día, incluyendo también el plano con la katana, y su foto, cansada pero feliz, envuelta en el albornoz del hotel...

Entonces aparecieron mis suegros, los dos sonriendo, y nos dieron la noticia que, en el fondo, estábamos deseando escuchar: "Chicos, la Comunidad ha aprobado vuestra solicitud de subvención: piensan que vuestro proyecto es viable... aunque por supuesto, tendréis que ser prudentes con los gastos el primer año, y actualizar el estudio de mercado... Todos pensamos que éste puede ser el principio de vuestro negocio... Además, ya habéis cubierto vuestra primera boda... con vídeo incluido..."

Y así fue... Yolanda y yo nos convertimos en los primeros clientes de lo que, con el tiempo, se convertiría en nuestra agencia... "¡Ahora entiendo tu comentario, de que el que sabe esperar!", le solté a mi suegro... Y él me respondió: "Me temo que te equivocas de proyecto y de persona, querido yerno... Tendrás que esperar un poco más..." Estuvimos casi una hora allí, dando una vuelta, mirando las fotos, el vídeo... El local era perfecto, y teniendo en cuenta que pensábamos orientarnos hacia la fotografía digital, y con cierta posibilidad de trabajar en estudio, la superficie total, de unos ciento treinta metros en dos ambientes diferenciados, era perfecta... Al margen de que se podrían pedir permisos municipales para hacer fotos en exteriores...

Todavía faltaba escoger el nombre comercial, logotipos, y mil cosas más... Pero lo importante era demostrar que se podía hacer, que era viable escapar de una gran ciudad por amor, y perseguir tu sueño en otra, conseguir a la mujer de tu vida, y ser feliz con ella... Y fue entonces cuando empecé a rumiar el nombre de la empresa... pero no se  lo comenté a nadie de momento...

¡Ah! Tal y como pensaba, los chicos de las "guaguas" nos recogieron cuando pudieron, y nos llevaron a casa... Nuestro pequeño apartamento, de noventa metros, de repente parecía tan pequeño, con tanta gente, y más aún pensando en lo que estaba de camino... Yolanda, intuyendo lo que estaba pensando, me puso la mano en su tripita, apretándola suavemente... pues de todas formas, lo más complicado ya estaba hecho: encontrarnos... y enamorarnos...

La tribu al completo se marchó bastante pronto, no serían ni las dos de la madrugada... Y, por fin, pudimos descansar unas horas... que pasaron demasiado pronto... Afortunadamente, nadie vino a vernos el domingo por la mañana, y logramos dormir... Luego, muy despacio,  a medida que el sol de la media tarde arrancaba el sueño de nuestros cuerpos, empezamos a deshacer las maletas, pues con un viaje tan largo, era urgente ocuparse de ellas... Entre lavadoras, secadoras y tendederos, a la hora de cenar todo estaba más o menos en su sitio... Mi idea era ver una peli en la tele, que había varias interesantes...

Pero Yolanda tenía otras ideas en su cabecita loca... empezando por un baño de agua bien caliente... juntos y apretados como sardinas dentro de nuestra ridícula bañera... luego, un masajito relajante... y después... ¿Será cierto eso de que las embazadas experimentan un incremento de la libido? Porque a este paso, me veo tomando suplementos vitamínicos, ácido fólico, ginseng....

Aunque jamás la he encontrado tan deseable...

34. UN NUEVO COMIENZO...

Lenta mañana de domingo, cuando el tiempo se detiene, y es el sol quien despierta a los amantes... Bueno, el sol, mi hermana, su novio y nuestras madres, pues no ha funcionado el despertador, y los invitados están esperándonos para despedirse, regresar a sus casas, y seguir adelante con su vida... Se han congregado bajo el balcón de la "Suite Presidencial", iluminado por el sol... a falta de algo mejor, nos ponemos en el baño los albornoces con los anagramas del hotel, y abrimos las puertas acristaladas... Casi cien personas nos vitorean, llamándonos, entre otras lindezas, "perezosos, dormilones, juguetones..." y, como no podía ser de otra manera, Gonzalo aprovecha aquél momento, digno de una boda real, para hacernos, con teleobjetivo, la ultima foto...

Mientras tanto, nuestras madres ya habían dejado toda nuestra ropa de viaje preparada sobre la cama, cerrado de nuevo las maletas, metiendo en ellas el neceser de viaje y mil pequeñas cosas (incluyendo mi férula de descarga), y por otra parte, nuestros trajes de boda ya habían regresado a sus fundas, pendientes de ir al tinte... Me habría encantado llevármelo a París, que no en vano era de gran calidad, pero la madre de Yolanda era un poco "supersticiosa" y dijo que podía traer "mal fario"... En media hora, ya nos habíamos duchado, vestido y desayunado, porque eran la las doce y media, y nuestro vuelo salía a las dos de la tarde... y sobre las cinco, tendríamos a nuestros pies la ciudad más hermosa del mundo...

París, con Yolanda... ¿qué más podría pedir? No sé, quizás, un poco más de tiempo, incluso de dinero, tampoco nos vendría mal... Pero, estando juntos... El recorrido hasta el aeropuerto lo realizamos en taxi, pero antes de irnos, abracé y besé a mi abuelo y a mis padres, y también le estreché la mano al novio de mi hermana, uno de esos intelectuales con gafitas, que te sorprenden luego hablando de escalada en roca, tirolina, salto base y cosas en las que prefiero no pensar... Llegamos al aeropuerto con tiempo de sobra para facturar el equipaje, tomarnos un pincho de tortilla bastante bueno (que el amor da mucha hambre), y un par de cervecitas... El control de pasaportes fue de lo más rutinario, a las dos y dos, el avión ya estaba en la pista de despegue, y los motores aumentaban sus revoluciones... Caímos rendidos, la azafata me preguntó si deseábamos comer algo, le respondí amablemente que no... Como llevábamos puestos los cinturones de seguridad, lo siguiente que recuerdo es que otra azafata estaba anunciado por megafonía la llega a "París-Charles de Gaulle"... Un chófer nos esperaba una vez pasado el control de pasaportes, para llevarnos al que, durante cinco días, sería nuestro alojamiento en París: el "Hôtel Madison", en el 143 Boulevard Saint Germain... Absolutamente perfecto para nosotros, cerca de todos los puntos de interés, muy bien decorado, y sobre todo, un trato exquisito... Dejamos nuestro equipaje en la habitación y sin perder tiempo, salimos a descubrir la ciudad de mis sueños... Yo la conocía de otros viajes, con mis padres, con gente de la facultad, pero... estando al lado de Yolanda, la descubría de nuevo, a través de sus ojos...

En el fondo, cuatro días y medio dan para poco... si bien el tener un guía concertado para el martes y el miércoles resultó de gran ayuda, agilizando sobre todo las colas en los museos... Seamos realistas: para ver el Louvre a fondo, necesitáis una semana, como poco... pero si ves tres o cuatro cosas muy selectas, como "La Victoria de Samotracia", "La Virgen de las Rocas" y la "Gioconda", te llevas cierta idea... Nuestro guía hizo lo mismo con Versalles, el museo de "L´Orangerie", el "Quai D´Orsay" y el "Museo Rodin"... también visitamos "Notre Dame", "Les Invalides", "Le Grand Palais"... Era un poco recorrer la ciudad "a la japonesa"... Pero la noche más mágica fue cuando cenamos en lo alto del restaurante de la "Tour Eiffel", con toda la ciudad bajo nuestros pies... Por supuesto, nos empapamos durante uno de nuestros paseos, buscando el típico recuerdo para un par de amigos en la zona del "Sacré Coeur", y de milagro, conseguimos un hueco en la barra del mismo restaurante donde, casi veinte años atrás, tomé la mejor sopa de cebolla de toda mi vida... Y seguía siendo excelente... Recorrer París con Yolanda, y con nuestro hijo... Ya no le podía pedir más a la vida...

Pero yo lo hice: regresar allí con ella, y seguir descubriendo la ciudad, reflejada en sus ojos...

Viernes por la mañana, veinticinco de septiembre para más señas, con la maleta lista y el ardiente café con leche quitándonos el frío del estómago, un taxi nos lleva de regreso al aeropuerto... Todavía no le he dicho cuál es la siguiente parte de nuestro viaje, pero sabe que se trata de un destino de playa... Cuando por fin saco los billetes de mi cartera, y lee dónde vamos, me besa, solo eso, como si le fuera el alma en ello... y nos llamó la atención uno de los "gendarmes"... le respondí "jeunes mariés..." (recién casados)... y si no supiera que Louis de Funes murió en 1983, habría pensado que se trataba de el... Quizás su fantasma, disfrazado de gendarme, se pasea por el aeropuerto... Sí, nos íbamos a Lanzarote, porque Yolanda estaba enamorada de César Manrique y de su obra, pero jamás había tenido la ocasión de verla...

Una vez más, nos estaban esperando después del control de pasaportes, y nos llevaron al "Hotel Princesa Yaiza"... sobre todo, porque se encontraba junto al mar, y era lo que yo necesitaba: sol, calor, agua, mar... y, por supuesto, Yolanda... Concertamos un par de visitas, con un guía y grupo de españoles, para recorrer las zonas Norte y Sur de la isla, pero hasta el lunes, prácticamente ni salimos de la habitación, salvo para ir a las tumbonas anexas a la piscina, tomar el sol en la playa, recibir un excelente masaje cada uno, y hacer el amor... ¿Qué mejor actividad, para dos recién casados? Bueno, eso sin contar con la maleta de libros que yo había preparado para la segunda parte del viaje... Pero todo lo bueno tiene un final, todas las noches el sol resurge de las aguas, y la noche del dos de octubre cenamos por última vez en nuestra pizzería favorita, y nos dedicamos a disfrutar de la brisa sobre nuestros cuerpos, del canto de las estrellas en las alturas, y de las ùltimas horas de un viaje que terminaría la mañana siguiente...

Quince días, casi, solos, tranquilos, disfrutando del principio  "oficial" de nuestra vida de casados, y del resto de nuestra vida juntos...

viernes, 29 de abril de 2011

33. BANQUETE... Y NOCHE DE BODAS...

Hacía calor, pero no demasiado, aquella mañana del mes de septiembre... No perdimos el tiempo con fotos de estudio, pues de todas formas, las que nos habían hecho nuestros amigos eran más que de sobra, y los dos queríamos demostrar que para cualquier boda, siempre debía primar la calidad sobre la cantidad: en treinta o cuarenta fotos puedes contar la historia entera, desde los preparativos en las casas o alojamientos respectivos, las fotos en la iglesia, fuera de la misma, el banquete, el baile y la recreación de la entrada en la "Suite Presidencial"... Pero siempre con los máximos exponentes de calidad en el trabajo, y con material adecuado (focos, antorchas, trípodes... y cables, adaptadores...). Aquella, y no otra, era nuestra filosofía...

Todo funcionó como un reloj: llegamos media hora después a las instalaciones del Club de Golf de Marbella II con nuestro espectacular Ford Modelo T, las damas de honor abrieron las puertas, y nos encontramos sobre el cuidado césped... Por unos momentos, nos deslumbró la luz del sol, pero luego, mientras nos acercábamos a la pirámide de copas de cava, cada uno iba sonriendo y saludando a sus invitados... Me pareció muy raro, estar allí, con Yolanda convertida en mi esposa, y tener delante a Claudia y a Esther, dos mujeres sin las que jamás podría estar viviendo aquél momento... Luego, localicé a mis escasos amigos, que habían venido de los cuatro puntos cardinales...

Todos los invitados, atendidos por una nube de camareros, nos esperaban para brindar... Alzamos nuestras copas... No hubo discursos, de nadie: "¡Por la vida... y por el Amor!" Yolanda lanzó el ramo, y lo cogió Esther...

Comenzaron las típicas fotos con amigos, conocidos, y perfectos extraños, nos reclamaban en mil sitios a la vez... Pero yo solo me fijaba en mi familia, sobre todo en mi abuelo, con su traje nuevo, y las gafas bien limpias... con su incombustible "txapela", y sus ojitos pequeños... Mi abuelo... No había manera de saber que no volvería a verle, con vida... Mi padre estaba muy serio, más que de costumbre, fumando como un carretero y sacándole "peros" a todo... Mi hermana  y su novio, no se enteraban de gran cosa, ni les importaba la gente... y yo les comprendía muy bien... Mi madre pululaba de un sitio a otro, atendiendo a los invitados, igual que mi suegra, Catalina... Mi suegro aprovechó el acontecimiento para rematar un par de jugosos contratos, fiel a su fama de empresario duro pero honrado, fumando un par de sus aromáticos cigarros habanos...

Después de los brindis, y de las fotos, pasamos a las carpas: la principal, con forma de semicírculo alberga a los invitados "adultos"... No hay tonterías, no cortamos la cinta con enormes tijeras de podar, revestidas de purpurina.. Todas las mesas son circulares, nuestras madres han organizado todo, con invitados por edades... No hay niños, están en una carpa más pequeña, con payasos, animadores, colchonetas para la siesta... Y por supuesto, menús infantiles... lo bastante cerca y lejos, a la vez, de los padres y familiares...

La mesa principal está situada sobre una tarima, al fondo de la carpa según se entra, a la vista de todos, pero al mismo tiempo, con las espaldas protegidas (manías de viejo). Mis padres, los suyos, mi abuelo, mi hermana y su novio... Y una silla vacía, con un pequeño jarrón de cristal, con su rosa azúl de tallo largo, sin espinas... recordando la más reciente ausencia... No me preguntes si hubo carne o pescado, o de qué tipo... El jamón era excelente, igual que las tablas de quesos, las ruedas de ibéricos... y, por supuesto, algo de pescaíto frito...

No es fácil ser el novio en la boda, ni el muerto en el entierro... aunque sabes que casi nadie se fijará en ti, como no sean las madres, los amigos, y la familia... Pero es lógico... Todo el mundo está pendiente de ella, y tratándose de Yolanda, no me extraña... La luz entraba a raudales por las ventanas, más que una simple carpa, era un pabellón de verano... Cuando la luz la alcanzaba de lleno, restallando en sus cabellos negros, iluminando su figura de exquisita gravidez, el tiempo se detenía... en cada brindis, alzando las copas al cielo, cuando el cava descendía por su garganta (luego, fue agua mineral)... Me intrigaba que ella se apañase bien con semejantes tacones, sobre todo porque no solía utilizarlos...

Y seguía apareciendo una pléyade de platos, por suerte,  casi nada de nueva cocina... Y la gente comía, reía, brindaba, se divertía... Un pequeño detalle, del que no se dieron cuenta los invitados: solamente se servía la cantidad deseada por el comensal; y luego, cuando las grandes bandejas se devolvían a la tercera carpa (la cocina) el personal del catering la preparaba para llevarla a los comedores de beneficencia...

Tres horas comiendo, y por fin, llega el momento de la tarta... Los camareros la acercan a la mesa, tiene una pinta impresionante... Y entonces, Yolanda saca una auténtica katana japonesa de la parte posterior de su silla, y la parte en cuatro ágiles tajos... sin tocar las figuras de los novios, de "Lladró", y que yo había comprado en secreto hace varios años... Es cierto, no es habitual ver a una novia, con su vestido, maquillaje y tacones, manejar una katana el día de su boda... uno más de los talentos ocultos de Yolanda... Mi abuelo llevaba un buen rato dormido, con la cabeza reclinada sobre el pecho; mi hermana y su novio también empezaban a aburrirse... Comenzamos el reparto de los regalos, que habíamos terminado de preparar de madrugada, y por supuesto, nada de tabaco... Los camareros despejaron las mesas, y montaron la barra libre, pues los autobuses garantizaban que no surgieran problemas...

Sé que puede parecer absurdo, pero... una de las cosas que más recuerdan los invitados, fue que el vals sonó en segundo lugar... Lo primero en escucharse, en atronar por los altavoces, fue una sevillana... y no una cualquiera, ni mucho menos.... Sino la mítica "Sevillanas de la probeta", del grupo La Trinca... Es una sevillana, perfecta en la forma, pero cuyo texto dice: "Yo era un espermatozoide, que vivía satisfecho..." Mi familia, sabiendo de sobra que era incapaz de bailar... Incluso Vicky, mi antigua domadora en bailes de salón quien me consideraba "un caso evidente de dos pies izquierdos"... se habría quedado sorprendida... Igual que se quedaron casi todos mis amigos, la familia... ¿Yo, la cosa más patosa del mundo, bailando una sevillana (perfecta), con mi esposa, respetando las pausas, los movimientos, los tiempos? Pues sí... que no en vano Yolanda me había estado entrenando, todas las tardes durante casi tres meses (menos el domingo) para bailar sevillanas, vals, tango y algo de lambada... Y la música, al menos para comenzar, eran nuestras canciones las de nuestra vida juntos, y las que habíamos descubierto después...

Creo recordar que se organizaron, hasta la medianoche, una serie de actividades realizadas por profesionales, que mi suegro tenía amplia experiencia en el campo... Concursos de baile, de agilidad, no sé, mil cosas... y por supuesto, el servicio de lanzadera a los hoteles...

Nos escapamos a las once, por una puerta lateral... y aquella primera noche de casados, la pasamos en la "Suite Presidencial" del hotel anexo al Club de Golf... Parecía un sueño: suelos de mármol pulido, una rugiente chimenea, dos sillones de orejas, discretos tapices en las paredes, la inmensa cama de baldaquino con sus gasas, y muselinas, la música suave, pétalos de rosas desde la entrada (por supuesto, Yolanda traspasó el umbral en mis brazos), el titilar de un reguero de velas hacia el baño, un enorme jacuzzi, y mil tipos de esencias... y varias botellas de agua helada dispuestas en cubiteras.... y bombones de chocolate negro...

Lo primero que hizo  Yolanda fue quitarse los zapatos... Nos desnudamos mútuamente frente a la chimenea, despacio, dejando caer capa tras capa de ropa, como si fuera aquella la primera vez... Yolanda había conservado los "edelweiss", hizo ademán que quitárselos, pero le pedí que los conservara... El corpiño fue lo más complicado, creo que jamás en toda mi vida he soltado tantos botones (conté más de cien, como media uña de meñique)... Misericordiosamente, el cierre del vestido eran varios lazos, las medias estaban sujetas con unos precisos ligueros, y la lencería que llevaba aquella noche... Jamás, ni antes ni después de nuestra boda, la he visto más hermosa... salvo la primera vez que dio el pecho a nuestro hijo... Dejamos las ropas sobre el sofá, lo más ordenadas posible...

El agua estaba perfecta... nos sentamos juntos, frente a frente, y empezamos a lavarnos, muy suavemente, quitándonos de encima todo el estrés acumulado durante la boda, mientras Frank Sinatra cantaba, solo para nosotros, sus más bellas canciones... Nuestros cuerpos, empapados, se iban relajando, y el agua estaba tan caliente, que el vaho empañaba los espejos... Salimos del jacuzzi, y nos secamos con magníficas toallas de algodón blanco... La climatización era perfecta, y dejamos caer nuestras toallas de camino a la cama... Nos tumbamos de lado, ella se amoldó sobre mi pecho, y nos quedamos dormidos...

Me desperté de madrugada, alguien había apagado las luces, y la única luz procedía de las velas, y de los rescoldos de la chimenea... ¿Qué tendrá aquella noche, que la misma persona con quien  has hecho el amor antes, que ha sido tu compañera en tantas noches y madrugadas, de repente, parece... tan distinta?¿Por qué extraño motivo, parece que estás viviendo la noche más importante de toda tu vida? Yo sabía que estaba despierta, el ritmo de su respiración la delataba... y comencé a besarla... a recorrer sus valles y colinas, saboreando sus secretos, y mirándola, hundiéndome en sus ojos mientras nuestros cuerpos alcanzaban el climax, lo que antes se llamaba "la comunión de las almas"... Mas, cuando yo empezaba a adormilarme, fue ella quien empezó a amarme...

Y nos dormimos, abrazados, con las primeras luces del alba...


jueves, 28 de abril de 2011

32. ÉRASE UNA VEZ, NUESTRA BODA...


Y llegó, por fin, el día de la boda... Aquél momento, que no dejábamos de esperar con una mezcla de alegría y tristeza, el sábado 19 de septiembre. Nos sentíamos bien, por dar el paso, una evolución natural en nuestros afecto, y quizás una forma de dar el paso definitivo, que ligaría nuestras vidas... No tanto por Yolanda o por mí... como por sus padres...

El "spa" de la despedida de soltero fue un éxito, nos relajamos, bebimos moderadamente, los masajistas masculinos y femeninos resultaron excelentes, y Yolanda y yo, junto a los diez amigos íntimos que participaron, estábamos contentos... Me acosté muy tarde, repasando los planes para el viaje a París y a Lanzarote (la segunda parte era una sorpresa para Yolanda), y terminando de empaquetar los últimos regalos para los invitados: un espejo de viaje pequeño y un mini estuche de pinturas para las mujeres; y un pequeño neceser de viaje para los hombres... Lo habíamos comprado dos semanas antes por eBay, a un mayorista de Hong Kong, pero había que terminar de empaquetarlo en las bolsas de tela...

Me despertaron a las siete y media de la mañana Gonzalo y Leyre, en su doble faceta de amigos y fotógrafos, pues la idea era hacerme una especie de "book", en plan torero... Y allí estaba yo, saliendo de la ducha, envuelto en la toalla, afeitándome, Fernando Pedrisca, mi mejor amigo, ayudándome a vestirme... todo ello, por supuesto, iluminado con los focos, lámparas, y mil cosas que yo mismo estaba muy acostumbrado en utilizar... ¿El resultado? Un álbum del novio, como pocas veces se ha visto en Málaga...

A la misma hora, es decir, a las siete y media, comenzaba el zafarrancho en casa de Yolanda... Perseguida por las cámaras de Montse y de Marisa, convirtieron la sesión en un canto a la belleza, con escorzos, un magnífico blanco y negro, y luego, los momentos más significativos de la ceremonia: ponerse el vestido de novia, capa tras capa... Nunca imaginé que algo, en apariencia, tan sencillo, pudiera tener tantas capas... Dos horas y media tardaron en vestirla, perfumarla, maquillarla y peinarla... Ella, que casi nunca se maquillaba, me dijo después que se sentía "rara, como si no fuera yo..." Y para el pelo, trenzaron dos diminutas coletas de su salvaje melena negra, que usaron de tope y diadema, para dejar que su pelo se derramara en cascada por su espalda... Como dictan los cánones, llevaba un sutil velo que era mantenido en su lugar por una pequeña corona de "edelweiss" trenzados... Todo en Yolanda reflejaba el misterio y la magia de una princesa élficas...

A las once y media, con precisión militar, realizamos las fotos con la familia y amigos íntimos en la gran escalinata del Hotel y diversos lugares; mientras que las de Yolanda eran realizadas en su casa... A las doce en punto, llegué a la iglesia, entrando del brazo de mi madre, y con la satisfacción de ver a mi padre y a mi abuelo sentados en los bancos inmediatos... Ninguno de los dos quería nadie fuera del templo, y por una vez, solo estaban allí los fotógrafos... Con tanta gente, me sorprendía encontrar grandes cantidades de gente del barrio, hasta que vi a nuestra vieja amiga, la boticaria, y sus comadres... que saludaban con la mano, y nos mandaban miles de besos...

A las doce y media, se abrieron de par en par las puertas de la iglesia... y se escuchó la prodigiosa voz de Nino Bravo, con "El amor de mi vida", mientras Yolanda y Julián avanzaban a lo largo de la nave, envueltos en una nube de pétalos de flores silvestres que lanzaban los invitados... Durante aquellos minutos, la miré como si fuera la última ocasión en toda la vida de verla así, lo que de alguna manera, no deja de ser cierto...

El vestido de color crudo en palabra de honor, el corpiño bordado, el velo... Y mirarla, deleitarme con su hermosura, saber que estábamos a punto de casarnos, y que en realidad, nuestra pequeña familia ya estaba gestándose... A nuestro alrededor se arremolinaban los fotógrafos, los cuatro oficiales, y los aficionados... ¡Tenía tantas ganas de besarla, de estrecharla en mis brazos! Pero me tuve que conformar con rozar levemente su mano, cuando se  situó a mi derecha...

La ceremonia fue breve, no hubo grandes discursos, solo un par de poemas, en vez de música religiosa tras la homilía, sonó Danny Daniel con "El amor de mi vida, hs sido tú..." Incluso conociendo su cuerpo y su alma de memoria, no veía llegar el momento de alzarle el velo, y besarla... No recuerdo casi nada de la ceremonia, no tiramos las arras al suelo (que era lo importante) y tampoco nos equivocamos con los anillos, aunque todo quedó registrado (y editado) por los dos equipos... Preparativos, boda y banquete, en media hora...

De todo ello, para mí lo más importante eran aquellas palabras: "Yo os declaro marido y mujer... Puedes besar a la novia..." Sintiéndome extraño por el brillo del oro en mi dedo, le alcé suavemente el velo, hundiéndome en sus increíbles ojos marrones... y, cerrando despacito los ojos, la besé... Y en aquél momento, sonó una de las más hermosas canciones de todos los tiempos: "Yolanda", interpretada a dúo por Pablo Milanés y Silvio Rodríguez...

 Y nosotros... besándonos... y luego, sonriendo, abrazándonos... y besándonos otra vez...

No recuerdo nada del resto de las gestiones en la iglesia, las firmas ante el funcionario del Registro Civil, los cientos de fotos, con amigos de los novios, la familia... Notarla a mi lado, estrechar su mano, besarla... Salimos a la calle, entre pétalos de flores, con el más hermoso día de sol de la última quincena.... Todos los invitados que asistirían al convite subieron a los autobuses, menos nosotros, que nos adelantamos en el coche oficial: una réplica perfecta de un Ford Modelo T, que siempre causaba sensación por las calles de Málaga... 

miércoles, 27 de abril de 2011

31. ULTIMANDO LOS PREPARATIVOS.

Por suerte o por desgracia, a veces, las cosas buenas vienen encadeadas... Por suerte, ya que igual te sacan de una mala racha, de un momento complicado, incluso te pueden aclarar los sentimientos o los sueños... Por desgracia, ya que el ser humano es, ante todo, pesimista, y si tienes una buena racha, te duermes con el miedo a que todo cambie.. a peor... Al menos, eso nos pasaba (y nos sigue pasando) a Yolanda y a mí...

Fue una auténtica locura: encontrar un vestido de boda que nos gustase, y hacerle todas las pruebas, para que estuviera listo el día de la boda... si bien conocimos a una joven y talentosa diseñadora, llamada Isabel Sanz Extremera, una de las jóvenes promesas de la alta costura malagueña... Nunca he sabido mucho de moda femenina (como muchos hombres, me limito a decir si me gusta o no... y a tratar que quitarlo lo antes posible, si el contenido merece la pena...), pero el vestido de Yolanda era de color achampanado, con palabra de honor, unas pequeñas mangas abullonadas, con un corpiño bordado, y cola media... y velo, por supuesto... Yo opté por comprarme un traje de Ermenegildo Zegna, y unos zapatos italianos de Giovanni Valdi, y el cinturón de Ottavio Nuccio... puesto que, de todas formas, me apetecía sentirme especial aquél día... La última prueba de Yolanda se hizo la semana antes de la boda, y según me dijeron, estaba espectacularmente bella...

Los demás temas se fueron encarrilando, las invitaciones, clásicas y en papel de alto gramaje, se encargaron a una imprenta de calidad, pero no fueron numerosas: ciento dos invitados, de los que yo aportaba doce al margen de mi familia, y que al venir de Madrid, San Sebastián y las Canarias, se quedarían más tiempo. Mi abuelo también vendría, con mis padres, mi hermana y su novio, en avión, y ya en la ciudad, se habían concertado los servicios de una enfermera: garrota en mano, y con su silla de ruedas (en la que llevaba un par de meses confinado), se salió con la suya: venir a nuestra boda... Utilizando los contactos de mi suegra, alojamos a todo el mundo en el Hotel Ibis Málaga Centro, con una tarifa muy adecuada. Y para el convite, utilizaríamos los terrenos del prestigioso Club de Golf de Marbella II, y un servicio de catering. 

En cuanto a la luna de miel... Siempre habíamos soñado con París...

Todavía nos quedaban muchos trámites por hacer para nuestro negocio, y optamos por dejarlo todo en manos de mis suegros, y que siguieran haciendo preguntas, informándose de los requisitos, puesto que  "dinero llama a dinero", es cierto, pero más vale ser previsor, ya que teníamos importantes gastos en puertas, entre otras, cambiarnos de casa (sin ascensor, y con un embarazo, puede ser muy incómodo, y no había un cuarto para el bebé y sus cosas)... Las dos veces que le comenté a mi suegro que nos buscase, si podía, una casa más adecuada a nuestras futuras necesidades, me respondió: "No te preocupes, que es buena época, para quien sabe esperar..."

Mientras, los días y las semanas pasaban de forma inexorable, Yolanda mostraba ya un poquito de tripita, y tenía los primeros antojos: fresas con leche condensada... a todas horas... Yo continuaba trabajando en el Hotel Principal, mientras me enfrentaba a la misión más dura de todas: escoger a los fotógrafos de nuestra boda. Por supuesto, se encargarían Leyre y Gonzalo, y como refuerzo, Montse y Marisa... a quienes respetaba desde hace años por su trabajo con el blanco y negro...

El día 17 de septiembre llegaron mis padres, mi abuelo, mi hermana y su novio... No recordaba que él fuera tan mayor... ni que estuviera tan frágil... Incluso estando en el aeropuerto, llevaba puesta su txapela negra, sus inmensas gafas de pasta, con aquella visera que tanto le gustaba "por el sol", estaba perfectamente afeitado, y su piel olía a "Àlvarez Gómez" las manos le temblaban ligeramente, y sujetaba el bastón... Intentó levantarse, para besar a Yolanda... a quien solo había visto tres o cuatro veces... pero no pudo conseguirlo... Y ella, tan cariñosa y dulce como siempre, le besó en las dos mejillas... mientras èl le acariciaba suavemente la tripita, diciendo "mi bisnieto..."

A lo largo del día 18 fueron llegando todos los demás invitados, los salvajes de siempre se empeñaron en hacernos una fiesta de despedida de soltero, pero conseguimos que fuera conjunta... lo que mitigó los daños... y las resacas... ya que la celebramos en un spa maravilloso... Como los niños buenos, al filo de la medianoche, ya estábamos los dos en la cama... cada uno por su lado, desgraciadamente...


30. EL SECRETO DE DOÑA CLOTILDE

Las semanas anteriores y posteriores a la boda fueron un caos absoluto, pues nos apetecía casarnos, y por supuesto de blanco, antes de que fuera demasiado evidente el embarazo.... que luego, hay muchos sietemesinos que nacen muy grandes.... No nos importaba ese tipo de consideraciones ni a Yolanda ni a mí, que si por nosotros fuera, habríamos esperado incluso a que el niño (o la niña) fuera lo bastante mayor para llevar las arras... pero siempre es mejor evitar que la "media sociedad" se escandalice... He de reconocer que tuvimos bastante "suerte"...

Una vez solucionado el pequeño asunto de la iglesia, solo faltaba solucionar la intendencia, el traje, las vacaciones...

¿Ah, que no os lo he contado? Tres días después del "óbito", extraña palabreja que nunca me ha gustado, nos llamaron por teléfono del prestigioso bufete de "Ramírez y Ramírez, Asociados", para efectuar la lectura de las últimas voluntades y testamento de Doña Clotilde cuando la familia fue convocada, a las diez y media de la mañana, de aquél viernes catorce de julio... Todos nosotros estábamos muy sorprendidos, pues no teníamos la menor idea ni de que hubiera un testamento, ni mucho menos algún tipo de bienes, ya que la abuela Clotilde siempre había moderado sus gastos, disfrutado con su trabajo, y sobre todo, vivido cada momento como si fuera un regalo...

Fue una reunión interesante... Si bien el origen de la actual situación había que buscarlo en pasión por el campo y el buen vino de Agustín García Pérez, su marido... Con su muerte, Clotilde heredó unas extensiones de viñedos casi centenarios, que se habían hibridado en los años sesenta para crear una nueva variedad de uva, y se las cedió en usufructo y a través de su abogado de mayor confianza, a una pequeña cooperativa agraria. Aquellas tierras yermas y montañosas resultaron perfectas para la elaboración de dos soberbios vinos de mesa, de reconocido prestigio. Durante varios años, y a través de un apoderado, la cooperativa fue comprando más tierras en los alrededores del pueblo, entre otras el viejo caserío, que en la actualidad comenzaba su andadura como centro enológico y de turismo rural. ¿Y todo esto, en qué nos afectaba? Pues que el producto estrella de dicha empresa es el famoso "Marqués de Sotoancho y Montesclaros", cuyo precio sin  duda todos conocemos... Un "Gran Reserva" del año 1990 alcanza en la actualidad los cientocincuenta euros por botella...

Existía un importante patrimonio en tierras, viñedos y edificaciones, del cual Yolanda y sus hermanos pasarían a heredar el tercio de libre disposición, "porque mis nietos están empezando en la vida. Sin embargo, y por su edad, dicho patrimonio estará gestionado por un banquero de mi elección, que también les aconsejará en todo momento". El resto del capital, salvo una dieciseisava parte, se repartiría entre sus hermanos y sus hijos, "y en el caso de que no se localizase a mi hermano Marcial en el plazo de doce meses, se añadiría a la dieciseisava pendiente, que repartiera entre mis nietos".

A nosotros, todo aquél baile de cifras y letras nos sonaba a chino, por lo que Borja, muy educado, le preguntó al señor notario: "¿Y podría usted decirnos, por ejemplo, en antiguas pesetas, lo que nos corresponde a cada nieto?" El señor notario, flemático, y sin molestarse en alzar la cabeza del documento, nos respondió: "Más o menos, una vez abonados los impuestos, diez millones de pesetas... para cada uno"... Lo que significaba que el patrimonio de Doña Clotilde superaba como poco los cien millones de pesetas... En este punto, el notario tuvo que abrir la ventana, y pedir a sus pasantes que trajesen botellas de agua bien frías... Es cierto que doña Clotilde siempre había sido una magnífica administradora, que ayudaba a la familia en todo lo posible, pero jamás imaginamos que fuera millonaria...

Sin embargo, fue una de las clausulas finales la que generó la mayor sorpresa: "En virtud de mi calidad de Donante y Benefactora del Monasterio de San Agustín, solicito que se facilite a mi nieta, Yolanda García Montes, que en la actualidad vive con su novio, Ismael Rodríguez Márquez, la celebración de su boda en dicha Iglesia. Las gestiones realizadas obtendrían su recompensa, con la dieciseisava parte de mis bienes en el momento de celebrarse..."
Tres días más tarde, cuando nos dirigimos a la secretaría del Monasterio, comentando nuestro deseo de casarnos lo antes posible, puesto que tal era la voluntad de nuestra abuela recientemente fallecida, primero se pensó que le estábamos tomando el pelo... Luego, empezó a mirar la agenda parroquial, afirmando que no tenían ningún hueco hasta diciembre, "pasadas las navidades, en todo caso"... Pero su actitud cambió radicalmente, al entregarle el poder notarial, y mirar el documento... "Si me disculpan un momento, esto es algo que debo consultar con el padre prior..."

Y pasaron diez minutos, llegó el prior, con un acólito, que cargaba con varias botellas de agua helada, varios juegos de vasos... No tiene mucho sentido recordar las palabras exactas, pero de todas formas, nos otorgó, "en honor de la memoria de doña Clotilde, nuestra Benefactora, aunque por cuestiones de protocolo, tendríamos que amoldarnos a los huecos disponibles entre las ceremonias"... Es decir, que no tendríamos que aguantar una misa completa... y me costó no ocultar mi satisfacción... Salimos del ilustre Monasterio, con el cursillo prematrimonial convalidado, las gestiones previas firmadas, y la fecha confirmada: el sábado diecinueve de septiembre, a las doce y media de la mañana... 

Con razón, siempre se dice, "Poderoso caballero..."